Amordazar

Autor: Gabriel Sanz

Bienvenidos a De(s)generando el género.

DE(s)GENERANDO EL GÉNERO nace de la necesidad de aunar esfuerzos para lograr la Igualdad de género. El nombre no es casual, sino que se enraíza en el fin que perseguimos: degenerar los conceptos que inundan las consideraciones de género para llegar a deshacerlo, desgenerarlo, y despojarlo de todos estereotipos y mandatos que marcan “el deber ser”en función del sexo con el que nacimos. Nos definimos como feministas, porque creemos que la única forma de vivir en un mundo más justo se relaciona con la igualdad real de oportunidades entre mujeres y hombres. Creemos que la educación e información, son la herramienta que nos permitirá vivir en la diversidad, la pluralidad y tolerancia humana. Tenemos la convicción de que esto es posible, y por eso armamos este BLOG , el cual dividimos en secciones que nos parecen de interés para quien quiera acercarse a la temática y estar actualizad@. Las sección “Reseñas”, haremos un breve análisis de distintos títulos de libros y películas que abordan la temática . En las “noticias destacadas”, exponemos los sucesos más relevantes e inauditos, con un pequeño análisis de las mismas. En la agenda, publicamos los eventos relacionados con la temática. En los links de interés, aquellos enlaces que creemos interesantes. Y en la página principal habrá una producción nuestra sobre diversos temas. Todas estas secciones, las vamos a actualizar semana a semana, ya que creemos que la Igualdad y la concientización, es un camino de todos los días.

lunes, 14 de marzo de 2016

El viejo deporte de criticar mujeres

Esta entrada es más bien una reflexión al respecto de lo extendido que se encuentra el hábito de criticar mujeres. Si escuchamos atentamente, veremos que en cualquier conversación es fácil criticar a una mujer, por el hecho que sea: en la cola de un banco, dentro de un taxi, en una reunión familiar, esperando un colectivo...creo que luego de hablar del clima, criticar a las mujeres es una de las opciones favoritas entre personas que se conocen y personas que no se conocen.

Y las críticas están muy extendidas sobre todo entre mujeres. Mujeres criticando mujeres, situándose muchas veces en un lugar de superioridad que no es tal, en un lugar de complicidad con el opresor que no hace que desnudar aquello que Simone de Beauvoir dijo una vez: "El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre l[a]s propi[a]s oprimid[a]s”.

Autora de la imagen: Maitena


Leyendo a Marcela Lagarde en El feminismo en mi vida, me he dado cuenta de que la crítica a las mujeres como un hecho deportivo, por el sólo hecho de ser mujeres, es una manifestación de misoginia:

"Hay misoginia en las relaciones entre las mujeres cuando nos descalificamos y enjuiciamos con la vara de medir de la sexualidad o de cualquier deber, como buenas o malas, y cuando calificamos a quienes no comprendemos como enfermas, inadecuadas, o locas. Somos misóginas cuando nos sometemos a dominio unas a otras y aprovechamos la opresión a la que estamos sometidas para usar, abusar, explotar, someter o excluir a otra mujer, y lo somos igualmente cuando usamos esos recursos para lograr el beneplácito de los hombres o de quienes detentan poderes. La misoginia está presente entre nosotras al obtener valor de la desvalorización de otras mujeres y al adquirir poderes apoyadas en su discriminación, su sometimiento o su eliminación. Las mujeres somos misóginas cuando anulamos, desconocemos, desvalorizamos, hostilizamos, descalificamos, agredimos, discriminamos, explotamos y dañamos a otras mujeres, y además, creemos ganar en la competencia dañina y que somos superiores a otras, y ni siquiera nos damos cuenta que todas somos inferiorizadas y que incrementamos la opresión de todas al ganar entre nosotras poderío patriarcal. [...]  Y la misoginia alcanza su radicalidad, si las cuando las mujeres establecemos alianzas misóginas con los hombres y creemos que son alianzas, cuando en realidad sólo son formas de servidumbre voluntaria" (Lagarde, 2012:24).

Si reflexionamos en profundidad, aun queda mucha misoginia en la forma de expresarnos sobre otras mujeres, y eso se evidencia en cómo somos las mujeres, objeto favorito de crítica.

A las mujeres se las critica por cómo se visten, porque tienen ropa muy provocativa y son muy jóvenes, y también porque tienen puesta ropa muy provocativa y en realidad "ya no son tan jóvenes" para lucirlas. Además, se critica mucho a las mujeres que no tienen hijxs, pero a las que tienen demasiadxs hijxs se las critica mucho más. A las que dejan a sus hijxs para ir a trabajar se la critica, y a que no lo hacen y se queda en casa con ellxs, también. Si decidió ser madre soltera se la critica y si acaso osa tener espacios propios de ocio y esparcimiento sin sus hijxs es doblemente criticada.

La maternidad es un hito en la vida de las mujeres para criticarlas. Si deciden tener un parto en casa, se las critica, si deciden amamantar, o no hacerlo, se las critica. Si se toman licencias en su trabajo para cuidar de sus hijxs, o priorizar el embarazo, se las critica, incluso aunque es un derecho logrado después de varias luchas. Si el/la bebé es muy pegadizo a su mamá, se critica a la mujer madre. Si la crianza es disruptiva de los estereotipos de género, también se las critica.

Se critica mucho a las mujeres de la farándula, por lo que dicen, por lo que hacen, por lo que muestran y por lo que no muestran. Se critica a las mujeres en la política, aunque generalmente la crítica no está relacionada con su gestión.

Y se critica mucho a las mujeres que sufren violencia, porque se cree que en el fondo -y en la superficie- ellas son las culpables de las violencias que sufren, y ni hablar si sufrieron algún abuso sexual o violación. Pongamos un ejemplo: una conocida les comenta que la noche anterior salió a divertirse, que conoció a un muchacho muy agradable, pero que esta mañana se despertó en un lugar desconocido, sin su ropa, con marcas de aguja en sus brazos y sin recordar muy bien lo que le había pasado, pero que sabía que había sido abusada sexualmente. Una gran parte de sus interlocutorxs pensará: "¿¿¡¡y por qué te fuiste de copas con un desconocido??!!". Sólo un número pequeño (cada vez mayor por suerte) pensará en ¡¡¿¿por qué hay alguien haciéndole eso a las mujeres??!!. Y obviamente después será criticada por ello.

Una vez una profesora mía (Marisa) me dijo que lo que el feminismo le había enseñado había sido "suspender el juicio". Comparto el aprendizaje. El feminismo enseña sobre empatía y enseña a ver a la otra como una sujeta, como una igual. El feminismo ayuda a correr el velo de complicidades espurias que nos siguen colocando en lugares de subordinación. El feminismo se trata de sororidad. Y para ello, vuelvo a traer a Marcela, la maestra:

"La sororidad es una solidaridad específica, la que se da entre las mujeres que por encima de sus diferencias y antagonismos se deciden por desterrar la misoginia y sumar esfuerzos, voluntades y capacidades, y pactan asociarse para potenciar su poderío y eliminar el patriarcalismo de sus vidas y del mundo. La sororidad es en sí misma un potencial y una fuerza política porque trastoca un pilar patriarcal: la prohibición de la alianza de las mujeres y permite enfrentar la enemistad genérica, que patriarcalmente estimula entre las mujeres la competencia, la descalificación y el daño. Nada más dramático y doloroso para las mujeres que ser sometidas a misoginia por las pares de género, por las semejantes (Lagarde, 1989). Lograr la alianza y usarla para cambiar radicalmente la vida y remontar la particularidad genérica (Heller, 1980), reconstituye a las mujeres y es un camino real para ocupar espacios, lograr derechos, consolidar protecciones entre mujeres y eliminar el aislamiento, la desvalía y el abandono" (Resaltado propio, Lagarde, 2012:34).

Julieta Evangelina Cano




miércoles, 28 de octubre de 2015

Reflexiones feministas ante contextos desfavorables

La cuestión es que la avanzada de la derecha a nivel mundial es un hecho indiscutible, que tiene carácter clasista pero que también presenta una ofensiva a los derechos conquistados por los colectivos feministas y de mujeres. Dirigentes políticxs con vínculos estrechos con el empresariado y con las altas cúpulas de las diversas iglesias reaccionarias a las políticas igualitarias, empiezan a ser lxs protagonistas de un escenario que se teme en suelo nuestroamericano, y particularmente en suelo  argentino.

Este avance provoca necesariamente la reflexión. Cuando hablamos de que los derechos se conquistan, estamos aludiendo a que en la interacción colectivos-Estado confluyen estas dos  voluntades, confluencia que siempre está precedida por una movilización social profunda y que suele datar de largo tiempo. No podemos olvidar el rol que tiene la movilización del colectivo de mujeres para lograr que se reconozca que los derechos de las mujeres son derechos humanos. Pero tampoco podemos realizar un análisis que deje afuera al Estado, ya que es quien tiene la potestad de dicho reconocimiento tan deseado. La confluencia de las dos voluntades entonces, es necesaria para hacer de ciertas demandas una realidad, independientemente de los intereses que haya detrás del reconocimiento  por parte de ciertos actores.

Pensemos un ejemplo: las mujeres en Argentina empezamos formalmente a reclamar por los derechos políticos en 1910 de la mano de Julieta Lanteri y muchas otras feministas que la acompañaron. Hubo simulacros de votos, marchas callejeras y muchas presentaciones ante el Congreso para formalizar el pedido, y sistemáticamente fueron rechazadas o ignoradas. En 1947, de la mano de otra referente política, Eva Perón, el derecho al voto para las mujeres se vuelve una realidad. 1947 se vuelve un hito que no puede olvidar la lucha previa y persistente de las mujeres por sus derechos políticos, pero que tampoco puede olvidar que hasta la llegada de Eva, esos derechos constituyeron una demanda insatisfecha. Aquí vemos la confluencia de ambas voluntades.

Aunque para la conquista de derechos necesitamos a la sociedad civil construyendo una demanda y a un Estado reconociéndola, para las medidas de tipo reaccionarias y regresivas basta con la voluntad de un Estado que ejerce su poder (en sentido weberiano). Lo único que le cabe a la ciudadanía es la resistencia, pero dicha resistencia puede no ser suficiente para frenar las medidas. Pensemos un ejemplo: la última dictadura cívico -militar argentina (1973-1983) tuvo como finalidad desmantelar a una clase obrera que estaba organizada e impugnaba las relaciones de producción capitalistas. La ciudadanía resistió; pero a fuerza de asesinatos, desapariciones sistemáticas, persecuciones, desmantelamiento de los derechos sociales y laborales, y sobre todo utilizando el arma del terror, la última dictadura logró su objetivo: desmovilizar.

Si reflexionamos más en profundidad,  las mujeres siempre enfrentamos circunstancias adversas para la consecución de nuestras demandas y el reconocimiento de nuestros derecho: el patriarcado es muy coherente y hegemónico. Ningún Estado ni gobierno se reconoció feminista, y lxs dirigentes políticos parecen tenerle mucho miedo (o aversión) a identificarse como tal. Pero la cuestión es que a lo largo de la historia, hubo voluntades confluyentes que lograron reconocer la lucha de los colectivos de mujeres y que permitieron establecer nuevos puntos de partida para la lucha. Lo cierto es que parece que el panorama que se viene no se identifica con esos momentos de voluntades confluyentes, sino más bien con aquellos momentos de la historia encarnados por políticas regresivas que ponen en duda la posibilidad de que las mujeres tengamos "derechos adquiridos".

La pregunta es ¿qué hacer? No podemos permitir que la desesperanza y la angustia nos paralice y tenemos que tener presente la historia de nuestro movimiento: siempre siempre siempre todo nos costó mucho. Siempre siempre siempre presentamos batalla. En los años ´70, en contextos de gran represión, las mujeres feministas (UFA, MLF) se reunían en la clandestinidad para idear acciones directas, pequeñas quizá, pero simbólicamente enormes. Las militantes de los ´80 cuando volvieron del exilio, les enseñaron a las de los ´90 la teoría feminista. Las militantes de los ´90 nos enseñan a nosotras cómo organizarnos, y actualmente el movimiento feminista cuenta con una caudal de mujeres jóvenes que sorprende gratamente, que seguirá trasmitiendo la pedagogía feminista a quienes vienen.

Ante contextos desfavorables como los que se vienen, lo que no podemos perder es la organización, la resistencia y la certeza de que la lucha es para todas. No podemos volver al hogar. No podemos aceptar políticas que destejan las redes que tan emancipatoriamente hemos construido.  No nos pueden sacar de las calles, ni con gases, ni con balas de goma como en el ENM de Mar del Plata, y si nos sacan, que eso tenga un costo.

Tomemos como ejemplos al Tren de la Libertad Español: intentaron restringir el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo en España. La organización de las mujeres lo impidió. Seguramente ese hecho no pase a la historia oficial, porque nunca nos enseñarán las resistencia que triunfan, pero nosotras sí lo sabemos: construyamos nuestro futuro pensando en hacer realidad lo que hoy parece imposible, quizá aprendiendo del Partido de la Izquierda Erótica y de su manifiesto.

Les dejamos una canción de Lila Dawns: Dignificada, para inspirarnos en este contexto adverso, y convertirlo en favorable para las reivindicaciones. Nos vemos en la calle, en las plazas, en las oficinas, en las escuelas, en los hospitales, en la Universidad, en los barrios...nos vemos en la lucha.


el otro feminismo 2
Imagen extraída de http://metiendoruido.com/2013/02/el-otro-feminismo-indixs-y-negrxs-contra-el-patriarcado-compilado-de-textos-de-feminismo-no-occidental/el-otro-feminismo-2/



Julieta Evangelina Cano y María Laura Yacovino 




lunes, 5 de octubre de 2015

¿Y la violencia policial contra mujeres y trans?



Gatillo fácil, causas armadas, paseos en patrulleros, uso excesivo de la fuerza policial, abusos sistemáticos, pago de coimas... Encontramos que los principales estudios sobre violencia policial se han realizado sobre una supuesta neutralidad de género, por ende los modos de accionar de las fuerzas de seguridad aparecen como similares en varones, mujeres y en aquellas personas que no se identifican en este binomio. Tal vez, sea el colectivo trans quien más haya puesto en evidencia que sobre ell*s la policía ejerce prácticas singulares, no menos letales de las que son víctimas los jóvenes, varones de clases populares.

Sin minimizar la violencia que ejercen las fuerzas de seguridad sobre estos jóvenes varones, nos proponemos pensar de manera preliminar ese punto ciego de las prácticas de la policía sobre mujeres y trans. Y decimos preliminar, porque al no haber encontrado bibliografía sobre este tema, realizaremos una aproximación en función de la experiencia y de la extrapolación de ideas de artículos que rozan temáticas similares. 

Lo primero que se nos presenta como evidente es que las Fuerzas de Seguridad, tiene en sus cimientos una estructura organizativa militarizada, con jerarquías rígidas, estructura vertical, con una fuerte impronta patriarcal que prepara a sus miembr*s para obedecer al/a la superior y que redunda en la distinción entre “nosotr*s” y los “otr*s”. Generalmente en ese “otr*s” hay implícito una cuestión de clase que hace que determinado grupo social sea la principal víctima del poder policial, establecido bajo una relación de dominación asimétrica en el cual una persona (policía, gendarme) ¿tiene? el poder de controlar la libre circulación de otra (por ejemplo pibe o piba de barrio, y/o trans). Complejiza este abordaje la intersección de otro sistema de dominación, el de las relaciones de género que se configura sobre relaciones desiguales de poder entre varones y mujeres. 

Por lo tanto, esta violencia policial enmarcada dentro de una violencia estructural de orden social tiene prácticas distintas cuando se entrelaza con otra violencia estructural que es la de género, la del patriarcado. 

Como refiere el Colectivo de Juguetes Perdidos en su libro “¿Quien lleva la gorra?”:

          “el cuerpo de la piba muchos mas que el del pibe esta sometido y tironeado por múltiples     mandatos sociales: el religioso, el patriarcal, el publicitario. Las pibas si son “lindas” pueden escapar al racismo- ambiente que signa las biografías de los pibes. Lo que la piba puede “ofrecer” como belleza o simpatía (es capital), el pibe lo tiene que traducir en capacidad de generar miedo o respeto. (…) Porque si a los pibes los bajan por atrevidos, por cuestiones de respeto o por algún vuelto que siempre queda sin pagar en el barrio, a las pibas las matan por pibas” (p 115)


En nuestra experiencia, lo que refieren las mujeres que conviven con ambas violencias estructurales, es que las prácticas policiales se manifiestan principalmente en el acceso callejero a su cuerpo en forma de “piropos” y pedidos de números teléfonicos, hasta el abuso y/o coima sexual como condición para “zafar” de situaciones legales o ilegales por parte de las fuerzas de seguridad. Sea porque efectivamente la víctima esté cometiendo un ilícito o simplemente porque la negativa a responder al requerimiento policial conlleve un armado de causa por parte de las fuerzas.

El caso de las chicas trans, conlleva otra complejidad ya que sus consecuencias suelen ser aún más violentas. Las prácticas policiales en este caso, se caracterizan por la negación de la identidad autopercibida, la violencia física y verbal, coimas sexuales y económicas, y detenciones ilegales y en condiciones insalubres. Se suma a estas situaciones, la violencia institucional que las revictimiza si deciden denunciar estos hechos. Pese a los grandes avances legislativos, l*s funcionarios judiciales parecen olvidarse generalmente del derecho de las personas trans a un trato digno y de respeto a su identidad de género, lo que suponemos que provoca una alta tasa de subdenuncia quedando invisibilizada la realidad signada por esta violencia. Agrava aún más el cuadro, si consideramos que estas causas suelen diluirse en el tiempo y que no existen mecanismos de protección reales para una persona que denuncia a las fuerzas de seguridad... y menos aún si es trans.

Para poder entender el tejido subterráneo que sostiene estas prácticas, nos valemos de los desarrollos de Judith Butler en relación al cuerpo como dotado de significados en un contexto que los comprende. Las fuerzas de seguridad con su organización vertical, militarizada y patriarcal manifiestan de manera bruta y exponencial las definiciones hegemónicas que configuran los cuerpos legibles de lo abyecto, lo rechazado, lo no vivible, lo inteligible, el cuerpo que no importa. 

Ese cuerpo mal reconocido dentro de la normatividad de género, puede ser hostigado y maltratado, constituyendo lo que la autora nombra como Vidas Precarias. Vidas que al no ser reconocidas como tales, están expuestas a vulneraciones por parte del estado por acción, omisión y sin protección. Vidas que en el entrecruzamiento de dos sistemas de poder, atraviesan violencias que quedan en la sombra. 

Intentando dar luz ahí donde habita la sombra, compartimos este pequeño aporte sobre la violencia que padecen las mujeres de clases populares y el colectivo trans por parte de las fuerzas de seguridad. E instamos al estado, a dar respuestas reales a estas situaciones.



Julieta Evangelina Cano y María Laura Yacovino



Bibliografía:

-Butler, Judith (2002) : Cuerpos que importan, Sobre los límites materiales y discursivos del "sexo" .
-Butler, Judith (2015) : Curpos que aun importan. Conferencia dictada en UNTREF, Argentina. 
- Colectivo de Juguetes Perdidos (2014): ¿Quien lleva la gorra?. Violencia-Nuevos Barrios-Pibes Silvestres. Ed. Tinta Limón.
-Cordoba, D. y Meloni C.: A propósito de las vidas precarias. Entrevista a Judith Butler
-Gruenberg, C. y Pereyra Iraola, V.: Análisis preliminar sobre la relación entre el clientelismo, la pobreza y el género. I Foro Interamericano de Mujeres contra la Corrupción-
-Lereah Diego (2015) : Como Tortura la policía a las trans. Campaña Nacional contra la Violencia Institucional. Disponible en: http://www.contralaviolencia.com.ar/noticias/item/814-como-tortura-la-policia-a-las-trans
-Tiscornia, Sofia: Violencia policial. De las prácticas rutinarias a los hechos extraordinarios.
 

miércoles, 26 de agosto de 2015

Reflexiones breves sobre la ciudadanía de las mujeres


La categoría de ciudadanía es vital de las democracias modernas. Las mujeres a lo largo del mundo (en mayor o menor medida), seguimos construyendo y disputando la construcción de una ciudadanía plena. Podríamos definir a la ciudadanía como el derecho de las personas a participar democráticamente en las decisiones de la comunidad política. Sin embargo, aunque en líneas generales en occidente no haya obstáculos para la participación política, esta ciudadanía es un tanto ficticia en la medida en que no estaría resolviendo la participación per se y las condiciones de desigualdad que subyacen en el marco de la organización social patriarcal.
Imagen extraida de http://site.adital.com.br/site/noticia.php?lang=ES&cod=75375 (23/08/2015)

La ciudadanía que sólo se manifiesta en el derecho de elegir y ser elegida (en Argentina tenemos desde la década de los ´90 una ley de cupo de garantiza la presencia femenina en un 30% -sólo un 30%, como si no fuéramos de hecho el 50% de la población-en las listas de los partidos políticos) no está resolviendo el hecho de que en el plano social, las mujeres siguen ganando un 30% menos por igual tarea en comparación a un varón.
Tampoco resuelve que, de acuerdo a estadísticas de La casa del Encuentro (porque no disponemos de datos oficiales) entre 2008 y 2012 hubo 1223 femicidios en nuestro país (Post relacionado: Femicidios: "esas" muertes evitables). 
Tampoco está poniendo el ojo en el acoso sexual y en el acoso por razón de sexo en todos los ámbitos, pero sobre todo en el laboral (post relacionados: Acoso sexual y acoso por razón de sexo...; El piropo como mandato...).Incluso hoy en día, una mujer que es violada por un varón, es la responsable por esa violación: para los medios, para lxs jueces, para la sociedad (post relacionado: Ni locos ni provocadoras. La violación al desnudo). Y además (como si esto fuera poco) en Argentina seguimos abogando por un derecho al aborto libre, gratuito y legal (post relacionado: Eduación sexual para decidir...), derecho que no resulta adquirido ni aún en los países que lo consagran, sino no hubiese sido necesario el Tren de la libertad.

Creemos que este debate tan actual viene a corroborar la tesis de Carol Pateman (1995) de que existe un contrato sexual, que es la base del contrato social (ambos ficcionados) que dan origen a las sociedades modernas. Básicamente la autora, al analizar los orígenes de la sociedad según la doctrina del contrato, postula que: "El pacto originario es tanto un pacto sexual como un contrato social, es sexual en el sentido de que es patriarcal -es decir el contrato establece el derecho político de los varones sobre las mujeres- y también es sexual en el sentido de que también establece un orden de acceso de los varones al cuerpo de las mujeres (...) el contrato está lejos de oponerse al patriarcado, el contrato es el medio a través del cual el patriarcado moderno se instituye" (Pateman, 1995:11).
De acuerdo a la teoría del contrato sexual, las mujeres no se constituyeron en sujetas de derecho al momento de la firma del contrato social, porque en virtud del contrato sexual, las mujeres fueron objeto del mismo. Si la mujer es objeto, nunca puede ser sujeto, y como dice Pateman "la dominación de los varones sobre las mujeres y el derecho de los varones a disfrutar de un igual acceso sexual a las mujeres es uno de los puntos en la firma del pacto original. El contrato social es una historia de libertad, el contrato sexual es una historia de sujeción” (Pateman, 1995:10).
Los varones, por medio de este contrato sexual, se garantizan el acceso al cuerpo de las mujeres, para acosarlas, para violarlas, para matarlas. Tengamos presente que durante mucho tiempo estuvo justificado el femicidio, si es que el femicida la mataba por causa de honor.

La reflexión más triste a la que hemos llegado en estos últimos tiempos es la sensación de que no existe el concepto de derecho adquirido para nosotras: siempre puede venir un gobierno más patriarcal, más o menos sutil y pretender arrebatarnoslos. A la par, y como contracara, también nos encontramos con la agencia de las mujeres y con las mujeres agenciadas: es nuestra acción, el politizar lo personal, la causa de todos los derechos conquistados que hoy nos reposicionan subjetivamente en este mundo machista.
Es decir, y otra vez gracias a la propia agencia de las mujeres, es que estamos en todos lados disputando para que la igualdad sea real, y no meramente una cuestión formal (que es importante ser iguales ante la ley, el movimiento feminista ha luchado mucho por ello, pero nos hemos dado cuenta que con eso no basta). Nos gustaría rescatar aquí el concepto de agencia, que es el que puede explicar el gran avance en el reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres:

 "La concepción de agencia implica que la medición del desarrollo humano no se limita a la estimación de sus tres dimensiones básicas --salud, educación e ingreso--, sino que refiere también a las capacidades de las personas en un sentido más amplio. Apunta, en particular, a la estimación del empoderamiento: la capacidad de las personas para controlar su propio destino, ejercer derechos, y disponer de recursos y oportunidades para realizar opciones y decisiones estratégicas. En otras palabras, la idea de agencia presupone la capacidad de las personas de canalizar sus derechos a través de la participación en la vida de sus comunidades. A su vez, para ejercer estos derechos, las personas deben poder vivir una vida libre de coerción y violencia (PNUD, 2010b)" (2011:1).

Creemos que en la historia de los movimientos de mujeres, la agencia siempre ha sido canalizada desde el colectivo. Agencia implica entonces la capacidad de acción, y que en la demanda por la ampliación de derechos, siempre es un proceso colectivo, que puede o no tener líderes/as visibles y reconocibles ¿Se te ocurren algunas?


Julieta Evangelina Cano y María Laura Yacovino



Referencias bibliográficas
  • Aportes para el desarrollo humano en Argentina / 2011: Género en cifras: mujeres y varones en la sociedad argentina. / 1.ª ed. Buenos Aires: Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), 2011.
  • Pateman, Carole (1995) El Contrato Sexual, México, Anthopos/UAM.

martes, 7 de julio de 2015

Crónica de una muerte evitable




Marisa se levantó esa mañana y no sabía que iba a morir. Sus vecinxs -que ya habían escuchado gritos en su casa muchas veces-, tampoco, pero lo habían vaticinado más de una vez: “en cualquier momento la mata”, “un día de estos vamos a tener que llamar a la policía”, “cuando alguien haga algo va a ser tarde”. Rodolfo, tampoco sabía que ese era el día en que cometería un femicidio.
Marisa se levantó como todas las mañanas con el cuerpo cansado, abatida, y con poco tiempo para desayunar. Se cambia rápido mientras tiende la cama, y corre a la cocina a tomar tres mates con Rodolfo. Él -que tenía la costumbre de levantarse más temprano para leer el diario - le reclama que nunca se hace el tiempo para desayunar con él y hacer el amor. Marisa se siente cansada, trabaja hasta las 8 de la noche y se hace cargo además de las tareas domésticas. Siente su cerebro comprimido y comparte este sentimiento con Rodolfo. Él, argumenta que la ama, la extraña y la necesita ; que por eso le pide que haga un esfuerzo y se levante antes. Que entiende su cansancio pero que piense también en él , y que está seguro que ese ratito les va a hacer bien a los dos. Marisa asiente, se siente culpable frente al reclamo de Rodolfo y para evitar que se ponga a gritar y a revolear objetos, le promete que la mañana siguiente intentaría tener más tiempo para desayunar juntos y hacer el amor. Mañana siguiente que nunca llegará porque esa noche Marisa va a ser asesinada por Rodolfo y los vecinos finalmente, van a llamar a la policía...cuando sea tarde.
Marisa sale hacia su trabajo bajo el cálido sol de Abril. Camina 3 cuadras hasta la parada del colectivo que la lleva desde Paternal al centro de la Ciudad de Buenos Aires. Marisa es arquitecta y tiene un estudio con un amigo de toda la vida, el único que logró mantener pese a los celos de Rodolfo. Hace tiempo que quiere separarse, pero no pude hacerlo. No le sale. Se siete culpable. Siente miedo. Por momentos se siente manipulada, ahogada. Por otros vuelve a creer, y asume como propias las frases que hasta el cansancio Rodolfo le ha repetido: que nadie la va a amar como él, que sin él no es nada, que él sin ella no es nada, que no puede tirar toda una historia juntos por la ventana así nomás, que él es el único que le dice la verdad y que el resto de personas la usan, que siempre la va a proteger y que van a llegar a viejitos juntos.
Cuando sale del trabajo para su casa, Marisa tenía 37 llamadas perdidas de Rodolfo y otros tantos mensajes de él preguntándole que hacía, donde andaba, que la extrañaba, que le responda, que si estaba muy ocupada con Javier -su amigo-, que si no le contestaba iba a ir a buscarla al trabajo, que estaba preocupado, que lo llame, que lo llame ya, que le estaba haciendo enojar, que porque le hacía eso... Marisa suspira y decide caminar una cuadra y llamar a Rodolfo. Antes de llegar a la esquina él la intercepta, la agarra del brazo, le grita, le dice que quien se creía que es para no contestarle, ella se intenta soltar, forcejean, él la suelta. Marisa no sabía que iba a morir. La gente que pasó por al lado y no intervino tampoco. Rodolfo pensaba que que si Marisa estaba con Javier, no lo iba a poder soportar y era capaz de cualquier cosa.
Se sientan en el colectivo sin hablarse ni mirarse. El viaje continúa en silencio. Un silencio pesado, denso, de ultratumba. Marisa miraba a la ventana. Rodolfo la miraba a ella. No podía sacarle los ojos de encima. Pensaba que ella era sólo de él, que no iba a permitir que esté con nadie, que si se confirmaban sus sopechas era capaz de matarla y matarse, que ella era lo más importante de su vida. Ella, se sentía desmoronada y no podía pensar en nada.
Llegaron a su casa. La calle estaba quieta. Rodolfo saca su llave para abrir, sin mirarla. En medio del silencio de siesta de pueblo, suena el celular de Marisa. Atiende, y dice “después te llamo”. Rodolfo sólo escuchó eso. Marisa fue la última voz amigable que escuchó en su vida.
Rodolfo la agarró del brazo y la metió para adentro. Le gritó. Le dijo “puta”, “¿¿quién es tu macho??”, “¿¿por quién te haces coge??r”, “inservible”, “basura”, “no servís para nada”, “hija de puta”, “pelotuda”, “ya vas a ver...” y primero revoleó su celular, la tiro al suelo, le pegó, la desnudó, olió su ropa interior, la dejó afuera sin ropa, la entró a la fuerza, la violó, no la vio, no la escucho... y la mató.
Todxs sabían que podía pasar, pero nadie dijo nada. Nadie quiso meterse “porque era un tema de ellxs”.
Lxs vecinxs llamaron a la policía, pero ya era tarde. Rodolfo quiso esconderse pero no pudo. Él dijo entre lágrimas que no sabía que había hecho. Marisa, no dijo más nada. Se levantó esa mañana, sin saber que iba a morir en manos de su pareja.


Julieta Evangelina Cano y Maria Laura Yacovino

lunes, 22 de junio de 2015

Grandes aportes del feminismo: "La mística de la feminidad" por Betty Friedan



“It would be wonderful to say you regretted it. It would be easy. But what does it mean? What does it mean to regret when you have no choice? It's what you can bear. There it is. No one's going to forgive me. It was death. I chose life”. 
Laura Brown (1)

“La Mística de la Feminidad” fue publicada en 1963, luego que de su autora se diera cuenta de que los estándares propuestos para las mujeres contemporáneas tenían gusto a poco y no lograban llenar el “vacío” en que se convertía su existencia. La obra intenta dar una respuesta a un problema identificado, pero sin nombre, que impedía a las mujeres desarrollar con plenitud sus capacidades, que les impedía considerarse seres humanas, ya que sólo podían ser y sentirse amas de casa. (2)

De acuerdo a Nuria Varela, en el imaginario de la época, “si una mujer tenía un problema en las décadas de 1950 y 1960 sabía que algo debía de ir mal en su matrimonio, o que algo le pasaba a ella. ¿Qué clase de mujer era si no se sentía misteriosamente realizada sacando brillo al suelo de la cocina?” (2005, p. 96). Betty Friedan respondió con contundencia a la esencialización femenina como madre y esposa, y propuso una salida a la “ratonera” que representaba al hogar, cuando éste se convertía en una trampa para las mujeres, ideada por la mística de la feminidad.

Nos interesa la producción de esta autora, porque es una de las primeras feministas que cuestiona la feminidad como un ser-para-otrxs, línea más tarde retomada por Carol Gilligan (3) (1985) y que problematiza los estereotipos de género que imponían a las mujeres un rol netamente doméstico en la sociedad.

Betty Friedan entendía que la pregunta más habitual entre las mujeres de los  ́60, cuando reflexionaban sobre su cotidianeidad, era: “¿esto es todo?” (1963, p.29), y se encontraban con una sensación de disgusto y ansiedad, poniendo de resalto cómo las mujeres luchaban contra estas sensaciones, afirmaba: “Se de tantas mujeres que se esfuerzan en no oír esa voz interior de protesta, porque la realidad no se ajusta al lindo cuadro que de la feminidad le pintaron los expertos” (1963, p.41).

La autora cuestiona fuertemente que el único destino de las mujeres sea ser esposa y madre y da el puntapié inicial para politizar el ámbito privado, cuando afirma: “Poco a poco llegué a comprender que el problema que no tenía nombre era compartido por innumerables mujeres de los Estados Unidos” (1963, p.34). Sin decirlo, fue la primera en poner en evidencia que “lo personal es político” y que sí había remedio para la insatisfacción y a veces desesperación que invadía a las mujeres.

Para sustraerse de la mística de la feminidad las mujeres deben instruirse. A partir de la pregunta “¿quién realmente soy?” pueden encontrarse a sí mismas, volver a ser seres humanas, no sólo amas de casa: “La llave que abre la “ratonera” es, sin duda alguna, la instrucción. La mística de la feminidad ha hecho aparecer la instrucción superior de la mujer como algo sospechoso, innecesario, incluso peligroso (...) la instrucción es peligrosa y provoca frustraciones..., pero únicamente cuando las mujeres no la utilizan” (Friedan, 1963, p.395).

La autora propone que las mujeres podamos idear un plan de vida, en donde el matrimonio y lxs hijxs puedan convivir con las aspiraciones de las mujeres cómo seres humanas (4), con la vida universitaria, con la instrucción como espacio para repensarnos; y en donde la profesionalización sea una esfera vital de la vida cotidiana, trascendiendo las puertas de la cocina, en donde nos ubica la mística de la feminidad.

Contesta fuertemente a quienes quieren seguir entendiendo el mundo en su faz dicotómica de lo público y lo privado (y le asignan a las mujeres un protagonismo en el segundo de estos mundos), y sobretodo, problematiza al sentimiento de culpa, entendiéndolo como un instrumento de la mística que les impide a las mujeres hacer aquello que deseen para sentirse vivas.

Betty Friedan inaugura el feminismo liberal, que aunque abogaba por los derechos de las mujeres en tanto personas, estaba centrado en la realidad de la mujer de clase media norteamericana (Alberola Crespo, 2012), y no cuestionaba el sistema económico desigual que influía en la existencia de las mujeres (en plural) y que las posicionaba en lugares muy diferentes unas de otras.
Aunque no reflexiona sobre el patriarcado, retrospectivamente podemos entender a la mística de la feminidad como un instrumento del mismo, utilizado para perpetuar la división entre lo público y lo privado.

Es interesante también como la autora entiende que lo que hacemos nos define,  y cómo es tan difícil sustraerse de una identidad que habitamos por muchos años, como la de ama de casa. Sin embargo, en nuestra opinión, no problematiza en profundidad las obligaciones de la feminidad (ser madre y esposa), ni cuestiona la heterosexualidad obligatoria, sino que propone un plan de vida en donde las obligaciones de las mujeres en tanto tales, sean compatibles con su instrucción.

Sí parece dable destacar algo que ha caracterizado al feminismo, y que es la colectivización de la lucha: “Cada mujer que se esfuerza en derribar las barreras que aún se oponen a la completa igualdad y que están confiadas por la mística de la feminidad, se lo hace más fácil a la siguiente” (Friedan, 1963, p.413).

Julieta Evangelina Cano y María Laura Yacovino

Notas
 (1) Película “Las horas” del año 2002, dirigida por Stephen Daldry. Texto del personaje de Julliane Moore en su encuentro con Meryl Streep.
(2) En la presente reseña sólo se analizarán los capítulos titulados: “El problema que no tiene nombre” y “Un nuevo plan de vida para las mujeres”.
(3) “... en respuesta a la petición de describirse a sí mismas, todas las mujeres describen una relación, mostrando su identidad en la conexión de madre futura, esposa actual, hija adoptiva o amante pasada. De manera similar, la norma del juicio moral que imbuye su evaluación del yo es una norma de relación, una ética de alimentación y cría, responsabilidad y cuidado” (Gilligan, 1985, p. 258).
(4) “No tiene por qué escoger entre el matrimonio y el ejercicio de una profesión: ésta fue la equivocada elección que proponía la mística de la feminidad (...) Sólo exige organizar un nuevo plan de vida, que abarque nuestra vida como mujeres (...) El segundo paso y tal vez el más difícil para las víctimas de la educación sexual dirigida, es ver el matrimonio como es realmente de verdad, despojándolo del velo de super-idealización con que lo ha cubierto la mística de la feminidad” (Friedan, 1963, pp. 379-380).



Bibliografía

  • Alberola Crespo, Nieves (2012) "Una identidad polémica la identidad femenina”. En: Rosalía Torrent y Sonia Reverter (coord.) Variaciones de género. Castellón: ACEN.
  • Friedan, Betty (1963). La mística de la feminidad. Barcelona: Sagitario  S.A., 1965. (Traducción de Carlos R. de Dampierre)
  • Gilligan, Carol, (1985). La moral y la teoría. Psicología del desarrollo femenino. México: Fondo de Cultura Económica.
  • Varela, Nuria (2005). Feminismo para principiantes. Barcelona: Ediciones B.

martes, 2 de junio de 2015

#NiUnaMenos



#NiUnaMenos es el grito que aclama por las muerte de Katherine, Chiara, Diana, Ángeles, Lola, Melina...y todas aquellas mujeres silenciadas a causa violencia machista.
Pese a los avances en materia de legislación y derechos, siguen muriendo mujeres en manos de varones, siguen existiendo abusos sobre nuestros cuerpos, y siguen habiendo una multitud de personas que acusa a la víctima por haber sufrido un delito. En esta entrada nos proponemos exponer nuestra posición al respecto del avance de los femicidios frente los avances femeninos, y dar nuestra total conformidad y apoyo a los pedidos del #NiUnaMenos.

Si le preguntáramos a Foucault ¿Qué es el poder? nos respondería que “el poder se ejerce y solo existe en acto, (…) es una relación de fuerza en sí mismo, (…)es esencialmente represión” (Foucault, 2001:28). El poder se constituye en la lucha de fuerzas y en los efectos que estas producen, y recae sobre la acción de un sujeto.  A su vez el poder produce fundamentalmente sujetos y subjetividades, y de allí su capacidad de modelar prácticas, representaciones y generar cuerpos dóciles. ¿NOs sirve esta definición para pensar  las recientes e históricas situaciones en las que una niña o una mujer aparece asesinada por el simple hecho de ser mujer? Si el género es relacional, no podemos obviar que es una de las dimensiones constitutivas del poder.

En este marco, la escalada de femicidios puede verse  como una operación simbólica de escarmiento, disciplinamiento de los cuerpos, de castigo y dominio para controlar y resistir el avance de las mujeres -como voces plurales más allá de la singularidad de cada caso- en su autonomía;  en una cultura que permite que los cuerpos de las mujeres sean desechados como basura.

Nos arriesgamos a extrapolar el mayor riesgo que se suscita frente al intento de separación en la violencia contra la mujer en la pareja, con una estructura de resistencia social y masiva frente a la conquista de derechos de las mujeres y la mayor visibilización de la violencia. En la violencia en la pareja, la relación de dominación se va construyendo progresivamente y el agresor la sostiene de manera sistemática y mantenida para aislar y controlar a su víctima. La intensidad de la violencia suele aumentar frente a la mayor autonomía de la mujer, que además comienza a recobrar algunos de sus vínculos. . En una operatoria de resistencia para no perder el control, el varón violento intensifica sus mecanismos de control.
Tomando esto como micro-esfera y pensándolo a nivel macro, creemos que el cambio social que estamos experimentando las mujeres hace que la ideología machista entre en crisis, nuestro movimiento que choca con el mantenimiento del statu quo de los sectores y varones más agresivos y machistas. Estas fuerzas en pugna, donde aún reina el desequilibrio de poder se cristaliza en violencia extrema que pueden acabar con la muerte.

Creemos que en épocas donde las mujeres nos organizamos, nos juntamos, confiamos en la otra, incluimos varones que luchan codo a codo, nos atrevemos a transgredir las normas de género heteropatriarcales y cobramos visibilidad, los femicidios son muertes evitables que buscan instalar una cultura del miedo como acto de poder, que intenta reforzar los espacios de dominación que el patriarcado empieza a perder.

Consideramos importante destacar que los avances en materia de derechos, de espacios y de rupturas conseguidos por las mujeres, se han logrado siempre que hubo mujeres luchando, organizadas y protagonizando esas conquistas. Nada ha sido producto de una evolución que marcha por sí sola: fueron las mujeres luchadoras y organizadas que nos anteceden,  las que hoy nos permiten gozar de derechos que en un pasado cercano nos eran negados.
Es por eso que creemos que tener presente las posibles consecuencias de estos avances nos va a permitir evitar más muertes, sin frenar un movimiento que se presenta como la posibilidad de poner a viva voz una realidad que aclama por ser transformada. Es por eso que adherimos al #NiUnaMenos y celebramos la réplica de estas acciones. Por Katherine, Chiara, Diana, Angeles, Lola, Melina y por todas esas mujeres a las que le costó la vida ser mujeres, decimos #NiUNaMenos y adherimos a los cinco puntos del compromiso que se va a firmar:
  •  La implementación, con recursos y monitoreo, del Plan Nación de Acción para la Prevención, la Asistencia y la Erradicación de la violencia contra las mujeres, que establece la Ley 26.485.
  • El acceso garantizado de las víctimas a la Justicia, algo para lo cual debe haber personal idóneo y capacitado para recibir las denuncias, pero también algún mecanismo judicial que no revictimice a las víctimas, y también que ellas puedan disponer de patrocinio jurídico gratuito durante todo el proceso judicial.
  • La elaboración de un Registro Oficial Único de víctimas de violencia contra las mujeres, porque “sólo dimensionar lo que sucede permitirá el diseño de políticas públicas efectivas”.
  • Profundización y garantía de la Educación Sexual Integral en todos los niveles educativos, en todo el país, y que se capacite y sensibilice a docentes y directivos al respecto.
  • La protección de las víctimas de violencia debe ser garantizada con monitoreo electrónico de los victimarios, “para asegurar que no violen las restricciones de acercamiento que les impone la Justicia”.
Podemos agregar al petitorio:
  • La elaboración oficial es estadísticas de prevalencia de las violencias contra las mujeres.
  • La legalización del aborto!




Julieta Evangelina Cano y María Laura Yacovino