Amordazar

Autor: Gabriel Sanz

Bienvenidos a De(s)generando el género.

DE(s)GENERANDO EL GÉNERO nace de la necesidad de aunar esfuerzos para lograr la Igualdad de género. El nombre no es casual, sino que se enraíza en el fin que perseguimos: degenerar los conceptos que inundan las consideraciones de género para llegar a deshacerlo, desgenerarlo, y despojarlo de todos estereotipos y mandatos que marcan “el deber ser”en función del sexo con el que nacimos. Nos definimos como feministas, porque creemos que la única forma de vivir en un mundo más justo se relaciona con la igualdad real de oportunidades entre mujeres y hombres. Creemos que la educación e información, son la herramienta que nos permitirá vivir en la diversidad, la pluralidad y tolerancia humana. Tenemos la convicción de que esto es posible, y por eso armamos este BLOG , el cual dividimos en secciones que nos parecen de interés para quien quiera acercarse a la temática y estar actualizad@. Las sección “Reseñas”, haremos un breve análisis de distintos títulos de libros y películas que abordan la temática . En las “noticias destacadas”, exponemos los sucesos más relevantes e inauditos, con un pequeño análisis de las mismas. En la agenda, publicamos los eventos relacionados con la temática. En los links de interés, aquellos enlaces que creemos interesantes. Y en la página principal habrá una producción nuestra sobre diversos temas. Todas estas secciones, las vamos a actualizar semana a semana, ya que creemos que la Igualdad y la concientización, es un camino de todos los días.
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viernes, 24 de mayo de 2013

Una respuesta a “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer” de Ignacio Bosque.

Ignacio Bosque (1)  realiza una reflexión crítica sobre las recomendaciones de uso de lenguaje no sexista que, mediante guías, realizaron distintos organismos públicos en todo el mundo occidental al menos. Su conclusión al respecto fue:
El propósito último de las guías de lenguaje no sexista no puede ser más loable: contribuir a la emancipación de la mujer y a que alcance su igualdad con el hombre en todos los ámbitos del mundo profesional y laboral. Intuyo que somos muchos —y muchas— los que pensamos que la verdadera lucha por la igualdad consiste en tratar de que esta se extienda por completo en las prácticas sociales y en la mentalidad de los ciudadanos. No creemos que tenga sentido forzar las estructuras lingüísticas para que constituyan un espejo de la realidad, impulsar políticas normativas que separen el lenguaje oficial del real, ahondar en las etimologías para descartar el uso actual de expresiones ya fosilizadas o pensar que las convenciones gramaticales nos impiden expresar en libertad nuestros pensamientos o interpretar los de los demás. (2)

Su crítica más elocuente a las recomendaciones realizadas por estas guías de lenguaje no sexista tiene que ver con que en ellas se entienda que el uso generalizado del masculino para pretender la inclusión de ambos sexos sea tildado de expresión sexista, y se recomiende su evitación, o su reemplazo por otras fórmulas que visibilicen a la mujer (3).  Y además, entiende que mínimamente, quien pretenda hacer una guía de uso correcto del lenguaje, debería al menos contar con la opinión de las personas idóneas en el tema, como lo son en este caso, lxs lingüistas.
Consideramos que la intención del autor es buena y acertada, si él pretende que estas guías de uso no sexista del lenguaje tengan intervención las personas especializadas, como son lxs lingüistas. El tema es que no se amparen en tecnicismos para mantener el statu quo de la invisibilidad femenina que es real, y que la lengua se ha construido, como toda manifestación cultural, de acuerdo a una escala de valores androcéntricos.
Las diferentes lenguas, a nuestro modo de ver, son dinámicas, van necesariamente cambiando, incorporando palabras nuevas, nuevas expresiones. Hoy estamos ante la necesidad de visibilizar a las mujeres, a lo que ellas hacen y a lo que ellas son. Lxs expertxs deben encontrar la forma de que esto suceda sin excusarse en que la lengua no lo permite porque las lenguas pueden permitirse casi todo, es cuestión de encontrar la forma.

Al respecto podemos citar una nota periodística escrita por Sandra Ruso en la prensa argentina, titulada “Sobre todos y todas” en la que se expresa así: “Luis Martín Cabrera –profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de San Diego–, en un artículo titulado “Me he vuelto loca, sólo puedo escribir en femenino”, afirma que rasgarse las vestiduras porque las guías no han sido elaboradas por lingüistas es un argumento disciplinario y autoritario. “Es el mismo argumento que utilizan historiadores como Santos Juliá, que piensan que la memoria es un asalto a su disciplina; ni la historia les pertenece exclusivamente a los historiadores ni el lenguaje es patrimonio de los lingüistas, no son sus minifundios ideológicos. Por otro lado, no es sorprendente que no les hayan pedido ayuda, pues la RAE es históricamente una de las instituciones más sexistas y misóginas del mundo. Todavía recuerdo al anterior director de la RAE, don Víctor García de la Concha, que por desgracia fue mi profesor, diciendo que ‘la literatura no tiene la regla’, provocando carcajadas generales y reproduciendo esa nefasta complicidad entre hombrecitos. Se puede discutir si existe una literatura femenina, pero no con argumentos sexistas.”
Quizá haya gente, como el autor, que no le dé demasiada importancia a la visibilización femenina, sosteniendo que el masculino nos representa a todxs. Esta situación nos hizo recordar y reflexionar sobre la importancia del lenguaje. Por ejemplo, en la obra 1984 de George Orwell se ve claramente la necesidad del Gran Hermano de reducir las palabras que contenía el lenguaje, para de esta forma reducir la capacidad de pensar. Si no tenemos palabras para expresar lo que pensamos, dejamos de pensarlo.  Si la mujer no es reflejada en el lenguaje, otra vez y antes de lo que pensamos, vamos a dejar de pensar en la mujer como protagonista social.

“La intención de la neolengua no era solamente proveer un medio de expresión a la cosmovisión y hábitos mentales propios de los devotos del Ingsoc, sino también imposibilitar otras formas de pensamiento. Lo que se pretendía era que una vez la neolengua fuera adoptada de una vez por todas y la vieja lengua olvidada, cualquier pensamiento herético, es decir, un pensamiento divergente de los principios del Ingsoc, fuera literalmente impensable, o por lo menos en tanto que el pensamiento depende de las palabras (...) La finalidad de la neolengua no era aumentar, sino disminuir el área del pensamiento, objetivo que podía conseguirse reduciendo el número de palabras al mínimo indispensable.” (5)
Consideramos que es imprescindible ahora que la lengua se adecúe a la nueva realidad, una realidad que implica que las mujeres formamos parte de la esfera pública de la vida social, y que allí nos vamos a quedar.  Sólo cuando la mujer se incorpore al lenguaje de manera natural, a lo que hablamos todos los días, vamos a haber conseguido dar otro paso en pos de la igualdad. Y si la estructura de nuestro lenguaje no lo permite, bueno, pues deberíamos buscar la forma de que lo permita. Las guías a las que se refiere el autor al menos hacen el intento.
Todxs sabemos que el uso de la lengua no es neutral. Durante mucho tiempo (siglos enteros) la mujer fue recluida a la esfera doméstica. Durante todo ese tiempo se construyó un lenguaje que no la incluía, que la ignoraba. Es tiempo de que las cosas cambien, y no usar las viejas estructuras para mantenerlas igual. Hoy la lengua castellana debe dejar de pretender de neutralidad (que no lo es) y adecuarse a esta exigencia social de que las mujeres queremos ser parte, y queremos vernos reflejadas en la lengua que usamos todos los días.
Les dejamos en la sección de documentos, el artículo escrito por Bosque y respaldado por toda la Real Academia Española para que Uds. mismos puedan hacer un análisis crítico de sus opiniones.

Julieta Evangelina Cano y María Laura Yacovino

Bibliografía:

(1) Catedrático de Lengua Española de la Universidad Complutense de Madrid y Ponente de la Nueva gramática de la lengua española.
(2)  BOSQUE, Ignacio, “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer”, Boletín de Información lingüística de la RAE, Página 16.
(3)  “Pero lo que en estas guías se entiende, de manera poco justificada, es que hay siempre discriminación en las expresiones nominales construidas en masculino con la intención de abarcar los dos sexos.” BOSQUE, Ignacio, Op. Cit., Página 8.
(4) Disponible en http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-189263-2012-03-10.html (Recuperada el 19/03/2012)
(5) ORWELL, George, 1984, Ed. P/L @, 2000, página 328.




sábado, 16 de marzo de 2013

Día internacional de LA MUJER O DE LAS MUJERES? Reflexiones sobre el uso del lenguaje.

¿El lenguaje es sexista y androcéntrico?

Tal y como considera la lingüista española Eulalia Lledó “el lenguaje no es sexista en si mismo, sí lo es su utilización. Si se utiliza correctamente también  puede contribuir a la igualdad y a la visibilización de la mujer”.

Antes de definir a que nos referimos con lenguaje androcéntrico y sexista, debemos tener presente que los seres humanos vivimos en el lenguaje, y accedemos a las cosas del mundo por medio de él; conforma nuestra manera de ver la realidad, y establece espacios de existencia e inexistencia: aquello que no se nombra, no existe.

El lenguaje no es independiente de la sociedad que lo produce, regula y transmite. Sabiendo que el patriarcado ha sido la ideología imperante a lo largo de la historia, no es casual que el uso del lenguaje, emane una visión androcéntrica del mundo  produciendo y reproduciendo la desigualdad entre hombres y mujeres. La palabra “Androcentrismo” deriva de griego “aner, andros” que significa “hombre, varón” y del latin “centrum” que a su vez proviene del griego “kentron” y que indican “el centro de algo”. De esta manera, el lenguaje androcéntrico refiere al uso que le damos, considerando solo la mitad de la humanidad: los hombres. De aquí se desprende, que la universalidad del lenguaje caracterizado por el género masculino, es en realidad ficticio y tiene consecuencias. Si al nombrar al conjunto de seres humanos, utilizamos el genérico masculino, estamos invisibilizando a las mujeres, ya que como hemos dicho al inicio, aquello que no se nombra, no existe.

Esto que para muchas personas puede ser una exageración, basta ejemplificar con la conocida declaración de derechos de la Revolución Francesa. En aquel entonces, mujeres y hombres lucharon codo a codo por la ampliación de sus derechos, de lo que resultó la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano. Este documento, tenía un claro sesgo de género ya que sólo hacía referencia a los hombres, y no a mujeres. Así fue como Olympe de Gouges, redacta como manifestación de esto, la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana.

De todas maneras, no es necesario irnos tan lejos. En la actualidad abundan los ejemplos: frases como “usuarios registrados” (¿no podemos las mujeres registrarnos?), “los ciudadanos de la República Argentina” (¿Y las ciudadanas?), “los profesores”, “los responsables”, dan cuenta del uso androcéntrico del lenguaje.

Y volvemos a repetir: esto es importante, porque el lenguaje construye posiciona y habilita espacios; y para lograr la igualdad entre los sexos es necesario usar el lenguaje de manera tal que represente a hombres y mujeres y los dote de realidad simbólica e igualdad efectiva.

En nuestra opinión, y a propósito del título, otro uso del lenguaje que sirve a los fines del patriarcado, es englobar bajo el término “la mujer” al conjunto “mujeres”. ¿No estamos reduciendo nuestra heterogeneidad y diversidad?. ¿Existe un algo “esencialmente” femenino o masculino? Creemos que la apuesta está justamente en aceptar la diversidad y pensarnos en tanto personas.

Judith Butler en su célebre libro “El género en Disputa”, abre muchos interrogantes al respecto. Uno de los cuestionamientos que allí realiza y que tomaremos en este artículo, es su crítica a la esencialización del sujeto del feminismo, que conlleva la exclusión de otras identidades que no son representadas por las características que este supone.

Según la autora, la categoría “mujer” (como universal)  tiene dos riesgos: da cuenta de la situación de opresión de todas las mujeres invisibilizando las especificidades de la dominación en los distintos contextos culturales, y además supone que todas viven de la misma forma el “ser mujer” y lo aceptan. Desde este punto de vista, es que creemos que por ejemplo, los 8 de Marzo tendríamos que renombrarlo como el “Día Internacional de LAS MUJERES”.

En este caso, el (¿mal?) uso del lenguaje nos muestra nuevamente como se reproducen ciertas realidades (e invisibilizamos otras) en nuestros actos de habla. Para lograr la tan preciada igualdad entre hombres y mujeres, es necesario comprender que la representación de las mujeres en el lenguaje, no es un capricho de forma, sino una cuestión de fondo.

Compartimos con uds. este pasaje del libro “Alicia a través del espejo” de Lewis Carroll (el cual recomendamos leer) que representa de manera simple y clara la intencionalidad subyacente del lenguaje:

– Cuando yo empleo una palabra -insistió Dumpty en tono desdeñoso- significa lo que  yo quiero que signifique. Ni más ni menos.
– La cuestión está en saber -repuso Alicia- si usted puede conseguir que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.
– La cuestión está en saber -replicó Dumpty- quien manda aquí. Eso es todo.



Finalizando...

Existen más usos sexistas y androcéntricos del lenguaje. Algunos son:
  • El salto semántico: Usar el masculino como genérico y más adelante en el mismo contexto, usarlo como específico.
  • Al enumerar personas, no respetar el orden alfabético o de jerarquía profesional, priorizando a las personas del sexo masculino.
  • Utilizar asimetrías en el tratamiento de dos personas de distinto sexos: El Sr. Gomez y la Srita. Fernandez.
  • Utilizar el sustantivo “mujer” acompañado de otra cualidad que redunda en su condición sexuada:  “El 51% de los médicos son mujeres”, en vez de “el 51% son médicas”. O “Las mujeres trabajadoras” en vez de “las trabajadoras”.

Hoy en día existen muchas herramientas que nos ayudan a entrenarnos en el uso de lenguaje no sexista. Nuestra lengua es muy rica y nos permite usar palabras neutras, genéricas y giros lingüísticos que producen un lenguaje inclusivo y no discriminatorio. En nuestra sección de “documentos interesantes”, pusimos algunos de ellos, junto con un enlace para descargar el Corrector de Lenguaje Sexista Para la Igualdad de Hombres y Mujeres para Word (no sirve para Office Libre).


Julieta Evangelina Cano y María Laura Yacovino