lunes, 14 de marzo de 2016

El viejo deporte de criticar mujeres

Esta entrada es más bien una reflexión al respecto de lo extendido que se encuentra el hábito de criticar mujeres. Si escuchamos atentamente, veremos que en cualquier conversación es fácil criticar a una mujer, por el hecho que sea: en la cola de un banco, dentro de un taxi, en una reunión familiar, esperando un colectivo...creo que luego de hablar del clima, criticar a las mujeres es una de las opciones favoritas entre personas que se conocen y personas que no se conocen.

Y las críticas están muy extendidas sobre todo entre mujeres. Mujeres criticando mujeres, situándose muchas veces en un lugar de superioridad que no es tal, en un lugar de complicidad con el opresor que no hace que desnudar aquello que Simone de Beauvoir dijo una vez: "El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre l[a]s propi[a]s oprimid[a]s”.

Autora de la imagen: Maitena


Leyendo a Marcela Lagarde en El feminismo en mi vida, me he dado cuenta de que la crítica a las mujeres como un hecho deportivo, por el sólo hecho de ser mujeres, es una manifestación de misoginia:

"Hay misoginia en las relaciones entre las mujeres cuando nos descalificamos y enjuiciamos con la vara de medir de la sexualidad o de cualquier deber, como buenas o malas, y cuando calificamos a quienes no comprendemos como enfermas, inadecuadas, o locas. Somos misóginas cuando nos sometemos a dominio unas a otras y aprovechamos la opresión a la que estamos sometidas para usar, abusar, explotar, someter o excluir a otra mujer, y lo somos igualmente cuando usamos esos recursos para lograr el beneplácito de los hombres o de quienes detentan poderes. La misoginia está presente entre nosotras al obtener valor de la desvalorización de otras mujeres y al adquirir poderes apoyadas en su discriminación, su sometimiento o su eliminación. Las mujeres somos misóginas cuando anulamos, desconocemos, desvalorizamos, hostilizamos, descalificamos, agredimos, discriminamos, explotamos y dañamos a otras mujeres, y además, creemos ganar en la competencia dañina y que somos superiores a otras, y ni siquiera nos damos cuenta que todas somos inferiorizadas y que incrementamos la opresión de todas al ganar entre nosotras poderío patriarcal. [...]  Y la misoginia alcanza su radicalidad, si las cuando las mujeres establecemos alianzas misóginas con los hombres y creemos que son alianzas, cuando en realidad sólo son formas de servidumbre voluntaria" (Lagarde, 2012:24).

Si reflexionamos en profundidad, aun queda mucha misoginia en la forma de expresarnos sobre otras mujeres, y eso se evidencia en cómo somos las mujeres, objeto favorito de crítica.

A las mujeres se las critica por cómo se visten, porque tienen ropa muy provocativa y son muy jóvenes, y también porque tienen puesta ropa muy provocativa y en realidad "ya no son tan jóvenes" para lucirlas. Además, se critica mucho a las mujeres que no tienen hijxs, pero a las que tienen demasiadxs hijxs se las critica mucho más. A las que dejan a sus hijxs para ir a trabajar se la critica, y a que no lo hacen y se queda en casa con ellxs, también. Si decidió ser madre soltera se la critica y si acaso osa tener espacios propios de ocio y esparcimiento sin sus hijxs es doblemente criticada.

La maternidad es un hito en la vida de las mujeres para criticarlas. Si deciden tener un parto en casa, se las critica, si deciden amamantar, o no hacerlo, se las critica. Si se toman licencias en su trabajo para cuidar de sus hijxs, o priorizar el embarazo, se las critica, incluso aunque es un derecho logrado después de varias luchas. Si el/la bebé es muy pegadizo a su mamá, se critica a la mujer madre. Si la crianza es disruptiva de los estereotipos de género, también se las critica.

Se critica mucho a las mujeres de la farándula, por lo que dicen, por lo que hacen, por lo que muestran y por lo que no muestran. Se critica a las mujeres en la política, aunque generalmente la crítica no está relacionada con su gestión.

Y se critica mucho a las mujeres que sufren violencia, porque se cree que en el fondo -y en la superficie- ellas son las culpables de las violencias que sufren, y ni hablar si sufrieron algún abuso sexual o violación. Pongamos un ejemplo: una conocida les comenta que la noche anterior salió a divertirse, que conoció a un muchacho muy agradable, pero que esta mañana se despertó en un lugar desconocido, sin su ropa, con marcas de aguja en sus brazos y sin recordar muy bien lo que le había pasado, pero que sabía que había sido abusada sexualmente. Una gran parte de sus interlocutorxs pensará: "¿¿¡¡y por qué te fuiste de copas con un desconocido??!!". Sólo un número pequeño (cada vez mayor por suerte) pensará en ¡¡¿¿por qué hay alguien haciéndole eso a las mujeres??!!. Y obviamente después será criticada por ello.

Una vez una profesora mía (Marisa) me dijo que lo que el feminismo le había enseñado había sido "suspender el juicio". Comparto el aprendizaje. El feminismo enseña sobre empatía y enseña a ver a la otra como una sujeta, como una igual. El feminismo ayuda a correr el velo de complicidades espurias que nos siguen colocando en lugares de subordinación. El feminismo se trata de sororidad. Y para ello, vuelvo a traer a Marcela, la maestra:

"La sororidad es una solidaridad específica, la que se da entre las mujeres que por encima de sus diferencias y antagonismos se deciden por desterrar la misoginia y sumar esfuerzos, voluntades y capacidades, y pactan asociarse para potenciar su poderío y eliminar el patriarcalismo de sus vidas y del mundo. La sororidad es en sí misma un potencial y una fuerza política porque trastoca un pilar patriarcal: la prohibición de la alianza de las mujeres y permite enfrentar la enemistad genérica, que patriarcalmente estimula entre las mujeres la competencia, la descalificación y el daño. Nada más dramático y doloroso para las mujeres que ser sometidas a misoginia por las pares de género, por las semejantes (Lagarde, 1989). Lograr la alianza y usarla para cambiar radicalmente la vida y remontar la particularidad genérica (Heller, 1980), reconstituye a las mujeres y es un camino real para ocupar espacios, lograr derechos, consolidar protecciones entre mujeres y eliminar el aislamiento, la desvalía y el abandono" (Resaltado propio, Lagarde, 2012:34).

Julieta Evangelina Cano




0 comentarios:

Publicar un comentario