Amordazar

Autor: Gabriel Sanz

Bienvenidos a De(s)generando el género.

DE(s)GENERANDO EL GÉNERO nace de la necesidad de aunar esfuerzos para lograr la Igualdad de género. El nombre no es casual, sino que se enraíza en el fin que perseguimos: degenerar los conceptos que inundan las consideraciones de género para llegar a deshacerlo, desgenerarlo, y despojarlo de todos estereotipos y mandatos que marcan “el deber ser”en función del sexo con el que nacimos. Nos definimos como feministas, porque creemos que la única forma de vivir en un mundo más justo se relaciona con la igualdad real de oportunidades entre mujeres y hombres. Creemos que la educación e información, son la herramienta que nos permitirá vivir en la diversidad, la pluralidad y tolerancia humana. Tenemos la convicción de que esto es posible, y por eso armamos este BLOG , el cual dividimos en secciones que nos parecen de interés para quien quiera acercarse a la temática y estar actualizad@. Las sección “Reseñas”, haremos un breve análisis de distintos títulos de libros y películas que abordan la temática . En las “noticias destacadas”, exponemos los sucesos más relevantes e inauditos, con un pequeño análisis de las mismas. En la agenda, publicamos los eventos relacionados con la temática. En los links de interés, aquellos enlaces que creemos interesantes. Y en la página principal habrá una producción nuestra sobre diversos temas. Todas estas secciones, las vamos a actualizar semana a semana, ya que creemos que la Igualdad y la concientización, es un camino de todos los días.

miércoles, 25 de junio de 2014

La construcción de la masculinidad y su vinculación con la violencia. Ajustándose a los mandatos

Según la definición de Connell, la masculinidad se define brevemente como: “…la posición en las relaciones de género, las prácticas por las cuales los hombres y mujeres se comprometen con esa posición de género, y los efectos de estas prácticas en la experiencia corporal, en la personalidad y en la cultura” (1997:6). Cuando analizamos la influencia de la socialización diferenciada, y la cuota de responsabilidad de ésta en la violencia contra las mujeres, podemos observar claramente cómo el patriarcado ha repartido arbitrariamente derechos entre los varones y obligaciones entre las mujeres. 

La construcción del sujeto masculino y de las masculinidades fue largamente estudiado por Connell (1997, 2006) quien da cuenta de cuáles son los roles y estereotipos asignados a los varones, qué se espera de ellos, y cómo se legitima un modelo hegemónico del ser masculino que no admite la diversidad. Connell reflexiona sobre esta construcción, que como todas ellas, siempre están atravesadas por otras categorías: clase social, etnia, la edad, la orientación sexual, etcétera, que producen, obviamente, masculinidades plurales y diversas:

… no hay sólo un modelo de masculinidad que funciona para todos los momentos y los lugares; existen diferentes culturas (algunas son bastante más pacíficas que otras) y los modelos de masculinidad cambian con el tiempo. En una misma sociedad, incluso en una comunidad o institución específica, existirán diferentes modelos de masculinidad, distintas formas reconocibles de "ser un hombre" (Connell, 2006:185).

imagen perteneciente a la página web: http://www.codajic.org/node/665

Estas masculinidades están ordenadas también jerárquica y excluyentemente  (Connell, 2006:186). La idea de esta entrada es explorar cómo se construye esa masculinidad hegemónica y qué otras masculinidades intenta forcluir, ya que la masculinidad no puede ser entendida como una posición fija, sino que está atravesada por categorías como la raza, etnia, clase social, la edad, la orientación sexual, etcétera  (Careaga, Sierra, 2006; Menjívar Ochoa, 2001). Esta entrada va en la línea de las entradas Masculinidad hegemónica y patriarcal y A propósito del día del padre... Al respecto Connell define la masculinidad hegemónica como “la configuración de práctica genérica que encarna la respuesta corrientemente aceptada al problema de la legitimidad del patriarcado, la que garantiza (o se toma para garantizar) la posición dominante de los hombres y la subordinación de las mujeres” (1997:12)

Los estudios sobre masculinidades ponen de resalto que ser varón, en primera instancia, es no ser mujer y alejarse lo más posible de lo femenino (Connell, 1997; Batres Méndez, 2009) y ser varón es ser heterosexual (Marzalli, 2006). Con ello podemos ver como la primer definición del ser varón es por la negativa, es precisamente no-ser. Esto conlleva que el varón siempre deba estar demostrando que efectivamente es varón, ya que esta categoría opera como una presunción iuris tantum que puede ser desvirtuada en cualquier momento y que por ello exige que sea reafirmada a cada instante (Odriozola Ezeiza, 2009).

En la realidad no todos los varones ejemplifican el modelo hegemónico, podríamos decir que sólo una minoría lo hace. La jerarquía relacionada con esta versión de la masculinidad es una fuente importante de conflictos y violencia entre los varones: cualquier cuestionamiento a la masculinidad de alguien ocasiona, con frecuencia, peleas y lesiones. El dominio sobre los varones homosexuales o considerados "afeminados" suele ejercerse con violencia, golpes, e incluso mediante asesinatos. La dominación puede también ser simbólica: las demandas de los varones jóvenes que se refugian en la violencia a menudo incluyen este tipo de acusaciones. La violencia racista muchas veces se mezcla con la exigencia de una virilidad superior y con la percepción de amenazas a la dignidad masculina surgidos de los problemas económicos, del desempleo y de una mayor complejidad social (Connell, 2006:186).

En el párrafo anterior podemos ver cómo se legitima la violencia como respuesta a cualquier intento de cuestionamiento de la masculinidad, y cómo el ser masculino implica de alguna manera el ser violento, desde los mandatos de la masculinidad hegemónica. En palabras de Odriola Ezeiza: “Nos han educado a sentir y pensar que nuestra hombría está en juego por esto mismo. Si cumplimos estos papeles se nos considera hombres de verdad; sino, el fantasma de la sospecha se cierne sobre nuestras mentes” (2009:5).

Además de la agresión como respuesta legitimada ante cualquier intento de menoscabar la masculinidad, hay otro sinfín de estereotipos de constituyen al sujeto varón: 

Los demás roles adjudicados a los hombres – tener que ser rígido, serio, vigoroso, valiente, mental, agudo, duro, fuerte, poco o nada sensiblero, sabelotodo,  autoritario, eficiente, el primero, el mejor, activo, decisivo, severo, independiente, siempre dispuesto, apuesto, conquistador, sexualmente activo, competitivo, público, protector, proveedor, productor...- vienen a sujetar el entramado del rol principal de oprimir a las mujeres (Odriozola Ezeiza, 2009:5).

Como la violencia es una forma legítima de respuesta ante actitudes que menoscaban la “dignidad del varón” (González Pagés, 2010) y como todo ser dotado de un aura de superioridad construida socialmente, no se cuestionó hasta hace muy poco tiempo el uso de esta violencia (Batres Méndez, 2009), mucho menos en relación con sujetxs consideradxs inferiores que vienen a poner en cuestión esta masculinidad. Aquí es cuando el ser mujer se constituye como una situación de riesgo, ya que cada vez que una mujer no se ajusta al estereotipo preparado de antemano para ella, de alguna manera cuestiona la superioridad masculina (ya que el estereotipo de la mujer es ser sumisa y sometida por el varón)  y este cuestionamiento se subsana con el empleo de la violencia.
A modo de conclusión y de acuerdo al autor González Pagés: 

Ejercer la violencia es una condición que se les impone a los hombres. Un elemento básico del proceso de construcción de la masculinidad y de las características que los han de definir como hombres en sí, varones hegemónicos. La palabra masculinidad ha sido elaborada históricamente bajo esos cánones y preceptos, por lo que solo nombrarla ya denota superioridad, fuerza y violencia. (González Pagés, 2010:47)

Julieta Evangelina Cano y María Laura Yacovino

Bibliografía

  • Batres Méndez, Gioconda (1999) El lado oculto de la masculinidad/ San José, Costa Rica: ILANUD. Programa Regional de Capacitación contra la Violencia Doméstica.
  • Careaga, Gloria y Sierra, Salvador Cruz, (2006) “introducción” en Careaga, Gloria y Sierra, Salvador Cruz, (comps.) Debates sobre masculinidades, poder, desarrollo, políticas públicas y ciudadanía, Universidad Nacional Autónoma de México, Mexico, D.F. 
  • Connell, R. W. (1997) La organización social de la masculinidad en  Valdés Teresa y Olavarría, José (Eds.) Masculinidad/es. Poder y crisis, Nro. 24. (versión utilizada disponible en http://www.cholonautas.edu.pe/modulo/upload/Connel.pdf  recuperada el 02/10/2013)
  • Connell, R.W. (2006) “Desarrollo, globalización y masculinidades” en Careaga, Gloria y Sierra, Salvador Cruz, (comps.) Debates sobre masculinidades, poder, desarrollo, políticas públicas y ciudadanía, Universidad Nacional Autónoma de México, Mexico, D.F. 
  • González Pagés, Julio César ( 2010) Macho, Varón, Masculino. Estudio de las masculinidades en Cuba. Editorial de la Mujer, La Habana.
  • Manzelli, Hernan,(2006)  “Sobre los significados de ser hombre en varones jóvenes en el área metropolitana de Buenos Aires”, Estudos Feministas, Florianópolis, 14(1): 219-242, janeiro-abril/2006
  • Menjívar Ochoa, Mauricio (2001) “Masculinidad y poder” Espiga 4 , Julio-Diciembre. Disponible en http://www.academia.edu/318152/Masculinidad_y_poder recuperado el 17/01/2014
  • Odriozola Ezeiza, Xabier (2009) Violencias masculinas: la legitimación de la violencia en la construcción de la identidad en los hombres 

jueves, 12 de junio de 2014

A propósito del día del padre: La paternidad desde la perspectiva de género.


El domingo próximo en la Argentina se celebra el día del padre. Esta es una fecha que nos invita a pensar sobre la paternidad desde la perspectiva de género. Pensar la paternidad desde esta óptica implica hacer el mismo ejercicio que hacemos con las identidades femeninas y el lugar de la madre: pensar la paternidad como un hecho que excede lo biológico y que tiene su dimensión sociocultural.

Para hablar de este tema es necesario mencionar la masculinidad dominante o hegemónica. Esto es aquellos mandatos y roles que se transmiten desde el nacimiento sobre “como debe ser, como debe comportarse y como debe manejar sus sentimientos” un varón para ser considerado tal. Esta maquina simbólica busca la reproducción de los privilegios masculinos. Sobre este tema, los remitimos a la entrada Masculinidad hegemónica y patriarcal ¿qué mecanismos actúan para que la sociedad la sostenga?  . 

Estos mitos organizan el espacio y los lugares que ocupan las mujeres y varones; y la manera de ser padre o madre no es ajena a esta construcción cultural. Así, el llamado “instinto materno” que excluye a los varones de determinadas prácticas con lxs niñxs y condiciona el accionar de las mujeres, es en realidad una práctica amorosa construida histórica e ideologicamente. Como refiere Laqueur "La carne no hace del cuerpo de una madre una fuente ahistórica de maternidad y maternalidad" (1992; 139) Para un abordaje sobre la maternidad, les recomendamos leer Cuando un rol se confunde con el Ser: Maternidad en cuestión.


Al hablar sobre este tema, es muy común escuchar varones y mujeres afirmando que ya no es así, que los varones ayudan, que cuidan a sus hijxs, etc. Nosotras creemos que efectivamente se está produciendo ese corrimiento, pero nuestra pregunta va un poco más allá, ¿hay una real modificación simbólica y subjetiva? Los varones ¿tienen permitido realmente asumir el deseo de la paternidad desde un abordaje más amplio? ¿Quieren hacerlo? ¿Hay una real equiparación de actividades entre varones y mujeres?.

Hagamos un breve repaso por esta transición. 

Durante siglos uno de los anclajes identitarios del varón fue ser el sostén/proveedor de la familia lo cual era un signo de virilidad. La obligación de “ser proveedor” alejó a muchos varones del deseo de involucrarse de manera más directa con lxs hijxs. Estos padres tradicionales se centran/aban en las potencialidades de lxs hijxs para ser adultxs productivxs, ejerciendo una alto grado de control y exigencia pero poca demostración afectiva. Es el padre occidental, patriarca, garante de la filiación, que sustenta su acción desde la división sexual del poder y el contrato sexual, que se relaciona con sus hijxs desde un modelo de autoridad en el cual él detenta el poder y el saber y que será transmitido junto a los códigos de la masculinidad. Padre que espera que su hijx (y principalmente el varón) herede su patrimonio simbólico y real en su vida adulta, y que su hija se empareje con un varón que tenga estos mismos códigos. Un tipo de padre que Frank Kafka dibuja muy bien en el libro “Carta al padre”, que lo muestra como tirano, severo, que no puede mostrarse cariñoso frete a su hijo porque perdía autoridad, y que quería que su hijo llegue a ser exitoso dándole su herencia, como manera de demostrarle su amor.

La salida de la mujer al mercado laboral y las transformaciones culturales que propician una mayor equidad, han producido que surjan nuevos ideales de paternidad. Existe un reclamo social de muchos varones por una mayor participación en la crianza de lxs hijxs y fomentar el vínculo más temprano; hoy es más común ver en los medios imágenes de padres teniendo actitudes tiernas hacia sus hijxs que resaltan esto como un valor. A primera vista podemos pensar que se está reformulando la paternidad, sin embargo creemos que aún queda mucho camino por recorrer. Podemos hacer el ejercicio de preguntarle a los varones cercanos con cuál función se identifican más o cual creen que es más importante: proveer económicamente o atender física y afectivamente a sus hijxs, y probablemente comprobemos que la primera sigue siendo un anclaje de lo que significa la masculinidad.

La mayoría de estos "nuevos padres", asumen una posición de participador-ayudador y no tanto de igual a igual. Siguen usando menos tiempo que sus parejas en el contacto con sus hijxs ni se sienten totalmente “obligados” a ocuparse de la crianza. Realizar cambios sustanciales en su vida por el deseo de ser padres y estar mas tiempo junto a sus hijxs sigue siendo una cuenta pendiente. 

Para seguir en esta línea de transformación, es necesarios que sean muchos los varones capaces de preguntarse cuales espacios les han sido ajenos hasta ahora. Aquellos varones que realmente busquen una manera distinta de paternar, tendrán que pensarse desde una paternidad sin cabeza de familia ni patriarcado, en la que su palabra no sea de manera unívoca más importante para sus hijxs que la de su madre. Un padre presente, que supere la división sexual del trabajo y que desempeñe por igual las tareas tipicamente de la madre y del padre. Un padre que no dependa de la mediación de la mujer para acercarse a sus hijxs y ejercer sus funciones. Un padre que jerarquice la vinculación emocional satisfactoria y responsable, que esté presente simbólica y físicamente, que tenga a sus hijxs en mente como sujetos, que no les haga “un hueco en su agenda” sino que estos atraviesen su vida cotidiana compartiendo esta doble agenda que la mujer asume por asignación genérica. 

Creemos que la equidad es posible, creemos que la co-responsabilidad es indispensable (entendida esta como la asunción equitativa de varones y mujeres de las responsabilidades, derechos, deberes y oportunidades asociadas al ámbito doméstico, la familia y los cuidados), creemos en la emergencia de nuevas masculinidades  y deseamos que cada vez haya más varones y padres igualitarios para que el día del padre, sea realmente un festejo.

A todos, ¡feliz día del padre igualitario!

Julieta Evangelina Cano y María Laura Yacovino





Bibliografía:
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Bonino, Luis: LAs nuevas paternidades. UNAF (2000) Familias: Diversidad de modelos y roles. Madrid: UNAF-Laqueur, Thomas: Los hechos de la paternidad en Debate Feminista (1992).

martes, 3 de junio de 2014

Reforma del código penal argentino con perspectiva de género

Existe en este momento un anteproyecto de modificación del Código Penal encargado por el Poder Ejecutivo a una comisión multipartidaria integrada, por Carlos Arslanian (peronismo); Ricardo Gil Lavedra (radicalismo); María Helena Barbagelata (socialismo, y a propuesta de Hermes Binner), y Federico Pinedo (Pro), con la coordinación del ministro de la Corte Eugenio Raúl Zaffaroni. 
De acuerdo a la Dra. María Helena Barbagelata, la única mujer integrante de la comisión redactora del proyecto de Código Penal argentino, la primera en la historia argentina en integrar una comisión de este tipo, que además se reconoce como feminista, dicho proyecto presenta luces y sombras si es analizado desde una perspectiva de género.
Hay que recordar que como bien dice María Helena, “no se puede pedir al código penal aquello que éste no puede dar”, el código penal no está para prevenir, sino para reprimir, siempre llega tarde cuando los hechos se han consumado. El Código Penal está para frenar el poder punitivo del Estado delimitando a su vez, el ámbito de libertad de lxs ciudadanxs, aquello que pueden o no hacer en el marco de la convivencia ciudadana.
María Helena, en una charla debate organizada por el Instituto de Cultura Jurídica UNLP, el Observatorio de violencia de género de la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires y el Centro Interdisciplinario de Investigaciones en Género (CInIG, FaHCe),  hizo referencia a que, en el trabajo en comisión, en algunas ocasiones tuvo que bajar el nivel de exigencia de sus demandas, para poder presentar un anteproyecto consensuado y donde no hubo acuerdo fue en puntos centrales para los derechos de las mujeres.


Luces…

PRINCIPIO DE APLICACIÓN: La primera cuestión relevante es la mención expresa de que el código penal se aplicará “de conformidad con los principios que surgen de la CONSTITUCIÓN NACIONAL y de los Tratados o Convenciones Internacionales que gozan de jerarquía constitucional” (artículo 1º). Esto es muy importante porque no hay que olvidar que de acuerdo al artículo 75 inciso 22 nuestra Constitución se otorga jerarquía constitucional a la CEDAW y la Convención Internacional sobre los derechos del niño.

INFANTICIDIO: la inclusión de este delito, con una pena de uno a cinco años, es importante ya que actualmente este tipo de delito se castiga con la pena máxima por ser un homicidio calificado por el vínculo, quizás atenuable por la existencia (que debe probarse) de una emoción violenta o de alteraciones de las facultades mentales provocadas por el puerperio.

ABANDONO DE PERSONA: Atenuación de la pena en caso que este abandono sea “si el hecho fuere cometido por la madre en las circunstancias señaladas en el artículo 80 y resultare grave daño en la salud o muerte del niño. No produciéndose estos resultados, la madre no será punible” (art. 98.3).

LEGÍTIMA DEFENSA: en casos de violencia de género: el artículo 5 inciso d prevé como eximente de la pena aquel que actué en legítima defensa propia o de un tercero “cuando la conducta tuviere lugar en un contexto de violencia doméstica y quien se defiende hubiese sufrido anteriores hechos de violencia”. De esta manera, queda claro que cuando existe violencia de la mujer hacia el varón, deben historizarse los hechos, ya que muchísimas veces no es sino una reacción a una situación de violencia sistemática y continuada que sufre esa mujer.

AGRAVANTES DE LA PENA: Para la determinación de la pena, serán consideradas circunstancias agravantes “La inusitada crueldad del medio utilizado o del modo de comisión, o la vulnerabilidad de la víctima, en hechos contra la vida, la integridad física, la libertad o la integridad y libertad sexual” (art. 18.4.b)

PRISIÓN DOMICILIARIA: entre las penas alternativas a la privación de la libertad en institución penitenciaria, se establece la prisión domiciliaria con un contenido novedoso. El artículo 30.6 establece que:
“El juez deberá tener especialmente en cuenta la situación del penado cuando: 
a) Tuviere más de setenta años. 
b) Fuere una mujer embarazada. 
c) Tuviere a su cargo una persona con discapacidad. 
d) Fuere madre encargada de un menor de diez y ocho años o padre como único encargado, atendiendo al interés superior de aquél.”
Actualmente las mujeres privadas de la libertad pueden acceder a prisión domiciliaria si tienen hijxs menores de 5 años (art. 10 CPA).

PRINCIPIO DE OPORTUNIDAD: cuando se trate de hechos de menor significación, el Ministerio Público Fiscal podrá evaluar desistir la acción penal, salvo si se trata de “un episodio dentro de un contexto de violencia doméstica o motivada por la nacionalidad, etnia, religión, ideología política, género, orientación o identidad sexual de la persona ofendida, o por prejuicios raciales” (art. 42.3.a). Esta es una cuestión por demás relevante: la mayoría de las causas por violencia de género se archivan sin siquiera investigar.

VIOLACIÓN: incorporación de la violación oral y también dentro del matrimonio, en este caso agravada: “Cuando el autor tuviere o se valiere de una previa relación familiar, afectiva, de autoridad o de ascendiente sobre la víctima” (art. 126). Así se sanja las dudas que todavía invaden a los operadores judiciales al respecto ("Cuando el machismo es de la justicia" por Mariana Carbajal).


ABORTO NO PUNIBLE: queda claramente redactado que el aborto no será punible si media violación o si hay peligro para la vida de la madre, de acuerdo al criterio sustentado por la Corte en el fallo “F.A.L. s/ Medida Actosatisfactiva” de 2012.

Sombras…

VIOLACIÓN: no se incorpora la producida por medio de objetos.

ABORTO: aunque al principio la comisión no iba a expedirse sobre el tema, terminó tipificando el aborto preterintencional, el aborto culposo (penalizado mucho más gravemente que las escasas legislaciones que lo penalizan: España, Costa Rica y El Salvador) y el aborto de la mujer (art. 86 y 87). Además incorpora un nuevo delito denominado “lesiones al feto” en el artículo 96. La observación más importante que se hace, es que esto puede disuadir aún más al personal médico a administrar medicamentos que puedan provocar este tipo de lesiones y abortos. Nótese que esto recae principalmente sobre la salud de la mujer, que es quien pone el cuerpo. Las normas aparentemente neutras en cuanto al género pueden tener efectos diferentes en los cuerpos de varones y mujeres, como este caso.

FEMICIDIO: se cambia la redacción actual. Debería debatirse si es parte del apartado de luces o más bien de sombras, porque queda un tanto invisibilizado en la redacción del anteproyecto.

EXPLOTACIÓN DE LA PROSTITUCIÓN AJENA: no hay delito si media consentimiento de la persona explotada. ¿puede haber consentimiento válido en estos casos en donde por lo general hay un aprovechamiento de situaciones de vulnerabilidad?

En pos de contribuir al debate necesario que se está dando en el seno de nuestra sociedad por la modificación del Código Penal, lxs invitamos a dejar los comentarios sobre lo que Uds. piensan sobre esta reforma. Agregamos en la sección "documentos de interés" la anteproyecto y la exposición de motivos del mismo.


Julieta Evangelina Cano y María Laura Yacovino

lunes, 26 de mayo de 2014

El poder el miedo



Miedo a denunciar, miedo a irse, miedo a quedarse, miedo a que le hagan algo a lxs chicxs, miedo a lo que lxs hijxs piensen, miedo a que la familia se entere, miedo a salir a la calle, miedo a la represalias, miedo a hacer algo, miedo... miedo.. miedo...
En las trayectorias de mujeres en situación de violencia de género, el miedo aparece como una emoción que por momentos toma toda la experiencia y paraliza, inmoviliza, anula. ¿De que miedo hablamos? ¿No es acaso el miedo una especie de alarma? La función primordial del miedo es ponernos alerta psicológica y fisiológicamente frente a la existencia de un peligro, para superar la amenaza y conserva la vida. Podríamos tildar esto como un respuesta instintiva. En las situaciones de violencia de género el miedo no siempre funciona así, sino como mecanismo de control  inhibitorio de las conductas motoras y subjetivas, lo cual deja a las mujeres que atraviesan dichas situaciones frente a un peligro constante que a veces no logran dimensionar.
Frente a esto, es interesante pensar que “esperamos encontrar” al estar con una mujer víctima de violencia. O mejor dicho, pensar que implica ser una mujer víctima. No siempre las mujeres que atraviesan esta situación se presentan como la “buena víctima”i , es decir, envueltas en llanto, reflexivas, pidiendo ayuda y permeables a nuestra ayuda “salvadora”ii, (al respecto puede verse la entrada Representaciones distorsivas sobre la mujer víctima/ en situación de violencia).  Por el contrario, muchas veces nos encontramos con una mujer que justifica y minimiza, que no parece pedir ayuda, que no puede registrar el miedo y el peligro; con un relato desafectivizado, sin posibilidad de pensar alternativas a la situación, y con un arrasamiento subjetivo alarmante. O incluso mujeres víctimas enojadas con el sistema público, con las personas que quieren ayudarla, con sus familiares e incluso con nosotras. ¿Es menos víctima por eso? Claro que no, lo que las convierte en mujeres víctimas es estar en una posición de inferioridad respecto de un otro varón que la somete, aísla, culpa y violenta de las formas más variadas, y quedando atrapadas en un miedo que las paraliza física y psíquicamente.
El miedo parte de las amenazas explícitas e implícitas y provoca la inhibición y la restricción de la libertad. Ese miedo que silencia, plaga la historia de estas mujeres. El quiebre de esta ausencia de palabra y asumir su posición de víctimas respecto de ese otro que las violenta permite sortear el mecanismo de defensa de la negación (que es parte del círculo), y empezar a darle estatuto a lo vivido como “parte” de una trayectoria y no como un todo, abriéndose la posibilidad a otra escena que la reconecte con la vida. Identificarse con la figura de la víctima funciona como momento necesario para reconocerse en su realidad y transformar el sufrimiento en fuerza liberadora.
Cuando poco a poco se puede ir poniendo en palabras, el miedo es traído a la conciencia y el registro del peligro empieza a operar como señal de alarma; con el tiempo cuando el miedo se va transformando y puede ser enfrentado, provoca en la mujer su fortalecimiento y la posibilidad de reconstruir su vida, cambiando el silencio por una narrativa en torno al conocimiento de sus derechos.
Pero esto es un proceso y la temporalidad es totalmente singular... Reconocerse como sujeta de derecho, implica tomar conciencia de que la persona que supuestamente se “eligió” como compañero, la des-sujeto de sus derechos y de sí mismas; y esto sumado a las estrategias de los agresores para socavar la autoestima de la mujer minando su vida de amenazas y aislándola, dificulta mucho este reconocimiento de lo propio.
Sin embargo, a partir del registro de la situación, del pedido de ayuda y de la búsqueda de un límite externo se empieza a abrir una grieta que marca un precedente para la subjetividad de la mujer. La denuncia, sea ésta seguida de una medida de protección y una decisión firme de salir de la situación, o solo quede en una denuncia, se ancla en los límites internos que esa mujer comienza a construir para poner fin a la violencia. Esa denuncia, anuncia algo diferente al sobreponerse a la vergüenza que muchas veces impidió que realice ese acto.
Cuando una mujer se anima a denunciar, hay un velo que se cae y le permite ver que con ese varón no puede llegar a ningún acuerdo porque él se seguirá sintiendo su dueño. Empieza a entender que la cosmovisión de la vida de ese varón siempre la dejará en una situación de opresión. Empieza a aceptar que mentirle a sus hijxs pintándole un padre que en realidad no existe, no los protege de nada y le dificulta más el paso por esa situación que obviamente para ellxs también es compleja. De a poco comienza comprender que la opción más saludable para ella y sus hijxs (si los hubiera) es enfrentarlo pero a través de la movilización de los recursos que existen en defensa de las mujeres. 
Y sin darse cuenta, empieza a sentir la libertad de caminar por la calle...
.... de elegir
....de llegar tranquila a su casa
....de disfrutar con amigxs 
....de reirse con sus hijxs y familiares
....de no sentir culpa
....de dejar de tener vergüenza 
..... y de que el miedo constante, sea un recuerdo.

Julieta Evangelina Cano y María Laura Yacovino


i Que esta expresión no sea tomada de forma literal: nos referimos a la víctima que circula en las representaciones sociales.

ii Decimos “salvadora” ironicamente, refiriendonos a aquellxs personas que cabordan a una persona víctima desde esa posición.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Ecofeminismo indígena latinoamericano

Como continuación de la entrada "Ecofeminismo una primera aproximación"  queremos seguir profundizando en esta línea, pero adentrándonos en el feminismo latinoamericano en una de sus vertientes de orígen indígena. Debemos entender al ecofeminismo latinoamericano como un producto diferente, con las características propias de nuestra región, y no como una mera trasposición de una doctrina generada en el norte, ya que cuando esta filosofía llego a nuestra tierra decididamente se vio influenciada por el contexto histórico y social de nuestra américa (Lamus Canavae, 2009: Lértora Mendoza, sin fecha). Entre las representantes de esta corriente se puede citar a Ecofeministas latinoamericanas como Ivonne Gebara en Brasil, Rosa Dominga Trapazo y el colectivo Talitha Cumi en Perú, Safina Newbery y el colectivo Urdimbre de Aquehua en Argentina, Mary Judith Ress en Chile, García Pujol y el colectivo caleidoscopio en Uruguay y Gladys Parentelli, Rosa Trujillo y el colectivo Gaia en Venezuela (Santana Cova, 2000).

La consiga “lo personal es político” que moviliza al feminismo desde las décadas de los ´60 y ´70, no solo impregna el ecofeminismo, sino que también, y en palabras de la autora Lamus Canavae:

Las feministas latinoamericanas (…) redefinen y amplían las nociones dominantes de lucha revolucionaria, al exigir también la revolución en la vida cotidiana, afirmando que una transformación social radical debe abarcar cambios no sólo en las relaciones de clase sino también en las del poder patriarcal, cuestionando con ello las formas autoritarias de hacer política, de la izquierda masculina.  (Lamus Canavae, 2009:6).

Es importante entender las características propias de este movimiento en Latinoamérica, que Celina Lértora Mendoza caracteriza como con un perfil propio, definido por  “la revaloración de las cosmovisiones autóctonas (antiguas) y el énfasis en la praxis deliberación”. En cuando a la primera de las dos características del ecofeminismo local, la autora enfatiza que: “la desacralización de la tierra, así como la marginación de sus sacerdotisas, produjeron un cambio en la percepción de la naturaleza, y un modelo de acción de tipo depredatorio y explotador”.

La situación de abundancia de recursos naturales en los países latinoamericanos han sido utilizados de manera estratégica por los países industrializados, trayendo como resultados la “deforestación, degradación de los suelos, contaminación del aire, tierra y aguas, pobreza, desempleo y subempleo” (Santana Cova, 2000:37-38) etcétera. Las consecuencias de este aprovechamiento desmedido que se traduce en explotación. Fue la reacción de los y las ambientalistas y los movimientos sociales de mujeres (Santana Cova, 2000), y la particularidad de estos últimos es que ha constituido un espacio de acción política sui generis para las mujeres, que además “ha planteado nuevos espacios en lo privado, lo doméstico y lo comunitario, y formas alternativas con contenido político, muchas de las cuales tienen un carácter subversivo ante las prácticas tradicionales“ (Lamus Canavae, 2009:7).

Las luchas indígenas han sido protagonistas en las contiendas medioambientales en América Latina, muchas veces como parte de su demanda por la autonomía (Svampa, 2010). Y las mujeres han sido particularmente activas y críticas al respecto, tal como lo señala Francesca Gargallo (2014) en relación con su participación en la Cumbre de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra en Cochabamba en 2010, de donde surge el Pronunciamiento del feminismo comunitario:

Las Feministas Comunitarias denunciaron la reducción de la Naturaleza a su función reproductora y el intento falsamente indigenista de coaligar a la Madre Tierra en una relación monógama y heterosexual con el Padre Cosmos. Radicalizaron su feminismo comunitario desde una perspectiva ecofeminista y su ecofeminismo desde una lectura de la economía del cuerpo y la tierra, postulando la absoluta no-propiedad de ambos: como Pachamama la tierra no puede pertenecer ni a un conjunto de personas que se dicen comunidad, sino que la comunidad existe en cuanto está y comparte su ser con la Pachamama (Gargallo, 2014:186).

Aunque dicho pronunciamiento es contundente respecto del aprovechamiento de los recursos naturales en pos de un desarrollo del cual nunca son beneficiarias, es común que sean las mujeres las protagonistas de revueltas y protestas en relación con la cuestión medioambiental .Como ejemplos citados por la autora, se pueden presentar: “Las mujeres purépecha del Municipio Autónomo de Cherán, que en abril de 2011 encabezaron la revuelta contra los talamontes que acosaban su comunidad, agrediendo sus bosques y amenazando la pureza de sus aguas (…) Asimismo, las mujeres zapotecas de Teitipac, en los Valles Centrales de Oaxaca, cuando en febrero de 2013, junto con los hombres de su comunidad, decidieron en Asamblea General expulsar a la compañía minera Plata Real, (…) por la contaminación generada en sus mantos freáticos durante los trabajos de exploración en su territorio, me insistieron que no puede haber libertad para ellas si el agua está contaminada para sus hijos. Las inmensas torres de los molinos de viento de las compañías eólicas transnacionales, también han despertado el enojo de las mujeres zapotecas“ (Gargallo, 2014:12-13).

Innumerables denuncias existen sobre la violencia de Estado que ejercen los países sobre sus poblaciones originarias cuando: “defienden el agua, el aire, la tierra, el subsuelo como elementos sagrados de la vida” adquiere relevancia la categoría de “territorio cuerpo-tierra" según la cual ”resulta evidente que defender un territorio ancestral de la minería sin defender a las mujeres de la violencia sexual es una incoherencia” (Gargallo, 2014:13). En la misma línea, se entiende que la lucha ambiental de las mujeres está ligada también a una crítica a la división sexual del trabajo que jerarquiza las relaciones en base al género:

Este punto es fundamental si consideramos que muchas veces en los discursos sobre el buen vivir, en un esencialismo cultural, se termina atribuyendo a las mujeres indígenas el papel de guar¬dianas de su cultura, vistiendo traje tradicional, mientras que los hombres occidentalizan su aspecto para migrar a las ciudades. Esto sin que paralelamente se asuma el compromiso político de criticar todo aquello que al interior de las culturas produce des¬igualdades de género. (Aguinaga et al, 2012:68)

El ecofeminismo latinoamericano se ve influenciado fuertemente por la cosmovisión holista indígena que logra interconectar a todos los seres con la Naturaleza (como entidad) en donde cada uno tiene un rol y un papel concreto que jugar y que resulta clave para entender el reclamo por el equilibrio ambiental (Santana Cova, 2000).

Las ideas de buena vida para las mujeres pensadas en las comunidades indígenas actuales, que son presentes y modernas, incluyen las ideas de economía comunitaria, solidaridad femenina, territorio cuerpo, trabajo de reproducción colectivo y antimilitarismo. Se sostienen en la resistencia a la privatización de la tierra y desembocan en la crítica a la asimilación de la cultura patriarcal de las repúblicas latinoamericanas y sus leyes, centradas en la defensa del individuo y su derecho a la propiedad privada. Así confrontan lo que subyace en el capitalismo monopólico hegemónico, eso es, la difusión ideológica de que el capitalismo se impondrá en cada rincón del mundo, apropiándose de todas las tierras comunales e imponiendo una única economía salarial del trabajo (Gargallo, 2014:25).

Julieta Evangelina Cano y María Laura Yacovino

Bibliografía
  • Aguinaga, Margarita et al (2012) “Pensar desde el feminismo: Críticas y alternativas al desarrollo” en Lang, Miriam y Mokrani, Dunia (Comps.) Más allá del desarrollo, Quito, Ecuador, Fund. Rosa Luxemburgo / Abya Yala.
  • Gargallo, Francesca (2014) Feminismos desde Abya Yala. Ideas y proposiciones de las mujeres de 607 pueblos en nuestra américa. Editorial Corte y Confección, Ciudad de México. (Edición digital). 
  • Lamus Canavae, Doris “Localización geohistórica de los feminismos latinoamericanos” Polis, Revista de la Universidad Bolivariana, Vol. 8, Núm. 24, 2009. Universidad Bolivariana. Chile
  • Lértora Mendoza, Celina “Ecofeminismo latinoamericano”, en Biagini, Hugo y Roig, Arturo (Dirs.) Diccionario del Pensamiento Alternativo II disponible en http://www.cecies.org/articulo.asp?id=387 (recuperado el 15/12/2013).
  • Santana Cova, Nancy (2000) “El Ecofeminismo Latinoamericano. Las Mujeres y la Naturaleza como Símbolos” en Revista Cifra Nueva N° 11. Trujillo Venezuela: ULA –NURR- CDCHT. pp. 39-48. Disponible en http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/18839/2/articulo5.pdf (recuperado el 15/11/2013).
  • Santana Cova, Nancy (2005) Los movimientos ambientales en América Latina como respuesta sociopolítica al desarrollo global. Espacio Abierto [online], vol.14, n.4 [cited  2014-01-23], pp. 555-571.
  • Tardón Vigil, María (2011) “Ecofeminismo. Una reivindicación de la mujer y la naturaleza” El Futuro del Pasado: revista electrónica de historia, Nº. 2, 2011 (Ejemplar dedicado a: Razón, Utopía y Sociedad), págs. 533-54.

martes, 6 de mayo de 2014

Cuando la ignorancia no es ingenua: precisando términos


El concepto “género” ha tenido una gran difusión en las últimas décadas. Sin embargo en su reproducción se le ha dado diversos usos, no siempre correctos. Aún sigue siendo común escuchar por ejemplo la afirmación: “pero algunos varones también sufren violencia de género”. Algo similar sucede con la definición de “feminismo”: existen personas que creen que el Feminismo es “el machismo pero al revés”.
Como ya hemos postulado en la entrada "Reflexiones sobre el uso de lenguaje", el lenguaje construye realidad y por tanto, así como lo que no se nombra no existe, no es lo mismo decir una cosa que otra. Como el título adelanta, nosotras creemos que este mal uso no es inocuo y azaroso. Creemos que responde en un nivel latente a las resistencias instaladas que el sistema patriarcal ha desarrollado a lo largo de la historia. Es por eso que en esta entrada nos proponemos definir dos términos de uso cotidiano: género y feminismo.

Cuando hablamos de género, la mayoría estamos de acuerdo que se referencia a un hecho descriptivo sobre las diferencias entre varones y mujeres. Lo que no siempre queda tan explícito es que el género también hace referencia a una dimensión evaluativa que es consustancial a la anterior, y que nos pone en el terreno de la jerarquía. Como señala Carmen Delgado “de las dos nociones implícitas en el término, la de división y la de jerarquía, se hace hincapié solamente sobre la división” (p.59). Es decir que cuando hablamos de género, no podemos olvidarnos que es un concepto relacional entre dos partes diferentes, en la cual una está valorada por sobre la otra. Esta es la definición de género desde su origen, por lo cual si se la tiene en claro, la afirmación de “hay varones que también sufren violencia de género” cae por si misma, ya que una de las condiciones para padecerla sería pertenecer al grupo oprimido y esto sabemos que históricamente no ha ocurrido. Por ende, un varón puede sufrir violencia, pero no violencia de género. Carmen Delgado utiliza una analogía para explicarlo: así como no diremos que la clase alta sufre discriminación de clase ya que en el concepto de clasismo está incluida la dimensión evaluativa de jerarquía, conceptualmente tampoco podemos decir que el sexo históricamente privilegiado sufre violencia de género.
Referirnos a violencia de género o a desigualdad de género implica que hay un grupo que ESTRUCTURALMENTE tiene una posición jerárquica sobre otro. Y lo resaltamos, porque no hablamos de individuos concretos sino de grupos de pertenencia. Vale la aclaración, ya que es frecuente que cuando se tratan estos temas en foro de debates o capacitaciones, la primera reacción sea por ejemplo, “yo a mis hijxs nos los críos así”, “de chiquita yo jugaba con varones, a mi no me lo prohibieron”, o “ahora los varones lloran”... Más allá de nuestra opinión personal sobre estas “actitudes igualitarias”, es bueno remarcar que por supuesto que hay excepciones que confirman la regla, que no negamos que haya varones que sufran algún tipo de violencia, pero que estructuralmente aún hoy la posición superior la sigue teniendo el grupo conformado por los varones... y sino a los informes los remitimos.
En síntesis, mirar/hablar/analizar/vivir con perspectiva de género, es visibilizar que la particularidad de la diferencia entre varones y mujeres es que se ha construido como una desigualdad. Esto implica que desde que nacemos se nos socializa como varones o como mujeres habilitando ciertos espacios ventajosos para unos y desventajosos para las otras, y que a partir de aquí construimos nuestra identidad y subjetivamos el mundo en base a esta matriz relacional que nos ubicará en posiciones de dominadores o de subordinadas.

El feminismo es el movimiento social y teoría política que vino a develar estas inequidades. Si bien el concepto de género nace con Stoller para el abordaje del entonces (mal) llamado “trastorno de la identidad”, el género como categoría de análisis es una de las contribuciones más importantes del feminismo.
Definir el feminismo no es tarea fácil ya que existen varias corrientes y entre ellas hay diferencias (Ver entrada Feminismo Segunda Ola). Pese a las singularidades, el leit motiv que atraviesa y es compartido por todas las corrientes es la lucha contra el sexismo en todos los terrenos y en todas las relaciones de poder (jurídico, socioeconómico e ideológico). Tomando la definición de Marcela Lagarde El feminismo constituye una cultura que, en su globalidad, es crítica de un sujeto social -las mujeres-, a la sociedad y la cultura dominantes, pero es mucho más: es afirmación intelectual, teórica y jurídica de concepciones del mundo, modificaciones de hechos, relaciones e instituciones; es aprendizaje e invención de nuevos vínculos, afectos, lenguajes y normas; se plasma en una ética y se expresa en formas de comportamiento nuevas tanto de mujeres como de hombres”. Con esto queda claro que el feminismo no es un movimiento contra el varón, y que busca dominarlo; un movimiento de tal características sería el hembrismo(macho/hembra) que se define como “conjunto de actitudes y comportamientos que rebajan la dignidad del hombre marginándolo y despreciándolo frente la mujer, por el mero hecho de pertenecer al sexo masculino”. El feminismo al definirse antisexista (discriminación por razón de sexo), no incluye al hembrismo ya que -al igual que el machismo- se basa en le superioridad de un sexo sobre otro, y la base del movimiento feminista es la creencia de que la superioridad entre los sexos es construida y por tanto que hay una igualdad que es posible alcanzar. El feminismo no lucha contra “el varón” sino contra el patriarcado como sistema de creencias económico, político, jurídico, religioso, y contra su poder.

Teniendo claro que es género y que es feminismo, estamos en condiciones de poner ambos términos en relación. Como enunciamos líneas arriba, la utilización del género como categoría de análisis ha sido uno de los mayores aportes del feminismo, ya que ha permitido visibilizar muchas de sus dimensiones. Compartimos la sistematización que hace al respecto Susana Gamba (2008) sobre el género:

  • Es una construcción social e histórica (por lo que puede variar de una sociedad a otra y de una época a otra);
  • es una relación social (porque descubre las normas que determinan las relaciones entre mujeres y varones);
  • es una relación de poder (porque nos remite al carácter cualitativo de esas relaciones);
  • es una relación asimétrica; si bien las relaciones entre mujeres y varones admiten distintas posibilidades (dominación masculina, dominación femenina o relaciones igualitarias), en general éstas se configuran como relaciones de dominación masculina y subordinación femenina;
  • es abarcativa (porque no se refiere solamente a las relaciones entre los sexos, sino que alude también a otros procesos que se dan en una sociedad: instituciones, símbolos, identidades, sistemas económicos y políticos, etc.);
  • es transversal (porque no están aisladas, sino que atraviesan todo el entramado social, articulándose con otros factores como la edad, estado civil, educación, etnia, clase social, etc);
  • es una propuesta de inclusión (porque las problemáticas que se derivan de las relaciones de género sólo podrán encontrar resolución en tanto incluyan cambios en las mujeres y también en los varones);
  • es una búsqueda de una equidad que sólo será posible si las mujeres conquistan el ejercicio del poder en su sentido más amplio (como poder crear, poder saber, poder dirigir, poder disfrutar, poder elegir, ser elegida, etcétera).




Al develar la complejidad del género en las relaciones entre varones y mujeres, el movimiento feminista ha conseguido cambios fundamentales para lograr la igualdad, como el derecho al voto femenino, a la educación, al acceso al trabajo, al uso libre de anticonceptivos, al aborto, a la libertad sexual, a posiciones políticas, a la eliminación de la tutela... En síntesis, a ir en pos de la libertad y la igualdad. Es importante no leer estos avances como exclusivos de las mujeres, dado que son conquistas que se han logrado para la humanidad en su conjunto ya que ser parte de una sociedad más digna e igualitaria, es un trabajo que nos compete e incluye a todxs. 

Para cerrar, quisiéramos compartir una reflexión de Marcela Lagarde sobre el feminismo (el subrayado es nuestro):
“El feminismo es una voz, es palabra diferente que nombra, enuncia, devela, analiza y duda, son nuevos valores y códigos éticos, y es hedonismo cuyas raíces tienden a la síntesis vital de lo físico, de lo afectivo, de lo intelectual y de lo erótico. El feminismo sintetiza la experiencia histórica de un género en la que cuerpo y mente, cuerpo y afectos, razón y afectos, no están separados: las mujeres somos nuestros cuerpos y nuestra subjetividad. El feminismo es, en esencia, política en acto. Es una crítica filosófica e ideológica a la cultura política autoritaria y al poder como dominio, y reivindica en acto el poder como derecho a existir, como afirmación de los sujetos por sí mismo. Como concepción del mundo inacabada y desigual de las mujeres, el feminismo es subjetivo porque expresa sujetos particulares incrédulas de la verdad, del dogma, de la perfección y de la objetividad. Es un conjunto de concepciones con distintos niveles de integración que siempre está por ampliarse; su condición es el cambio. El feminismo incide y surge de las formas diferentes de ser mujer, en cada mujer. De esta manera, el feminismo se perfila como alternativa a la cultura política porque, en contradicción con las teorías de la revolución, es una de esas revoluciones que en su permanente construcción - desconstrucción no estalla, no irrumpe: ocurre cotidianamente y en su devenir transforma a mujeres y hombres, a las instituciones, a las normas, a las relaciones; enfrenta y desacraliza los fundamentos de tabúes, así como los ritos y los mitos que hacen su representación simbólica. Desde su parcialidad, el feminismo anticipa la necesaria visión sobre la condición masculina que aún no emerge de los hombres, en tanto género que no puede reivindicarse más como estereotipo de lo humano”.


El feminismo ha sido y es una revolución que produjo profundas transformaciones sociales. El feminismo es una revolución pacífica que se gesta cada día. Tal vez sea la única revolución que sigue cobrando víctimas de un solo bando.



Julieta Evangelina Cano y María Laura Yacovino






BIBLIOGRAFIA

-Delgado Carmen: La violencia de género entre jóvenes: Señales de alarma. Salamanca
-Gamba Susana: ¿Que es la perspectiva de género y los estudios de género?. Recuperado el 22/4/14. Disponible en http://www.mujeresenred.net/IMG/article_PDF/article_a1395.pdf
-Lagarde Marcela: Enemistad y sororidad: Hacia una nueva cultura feminista 
-VV/AA: Temario de Genero e igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres. Granada. Recuperado el 20/4/14. Disponible en http://www.granada.org/obj.nsf/in/FBOMMMP/$file/TemarioGrupos_C_y_%20D.pdf


miércoles, 23 de abril de 2014

Ecofeminismo, una primera aproximación

La presente entrada tiene por objeto aproximarnos al ecofeminismo, y contarles de qué se trata. Esta primera entrada sobre el tema es una simple introducción, cuya intención es profundizar a lo largo del presente año.

Ingrid Tusell Domingo - La mujer y la tierra

El ecofeminismo surge como término en 1976, y es acuñado por Francoise D’Eaubonne para “definir las acciones desarrolladas por feministas francesas que protestaban la ocurrencia de un desastre ecológico” (Santana Cova, 2000:39).  El ecofeminismo se traduce en activismo feminista organizado para proteger el entorno, y de la misma manera que el feminismo, la teoría surge posteriormente a la práctica, que desde “la trinchera” llevaban a cabo ya las mujeres, sin nombre ni doctrina que las organice . Mujer referente en el ecofeminismo es Vandana Shiva, quien define al ecofeminismo como “ser feminista y ecologista al mismo tiempo” (Santana Cova, 2000:41).
El ecofeminismo pone de manifiesto la existencia de conexiones importantes entre la explotación, opresión y violencia contra las mujeres, y la explotación, opresión y violencia contra la naturaleza. Estas conexiones se dan porque ambas explotaciones derivan del sistema patriarcal, y de una feminización de la naturaleza que trae como correlato una naturalización de la mujer:

Hasta ahora, la visión mecanicista-cientificista y patriarcal de la sociedades modernas ha colocado a la naturaleza como un sistema externo que aparentemente no tiene nada que ver con los seres humanos, y a las mujeres en el ámbito del hogar donde han permanecido tal y, como ya se señaló, invisivilizadas. Pero además la idea de libertad ha sido considerada como la potestad para reorganizar el mundo natural de forma tal que se acomode a las exigencias y necesidades de quienes se creen dueños de ese gran capital como es la naturaleza, con las consabidas consecuencias: la destrucción de los bosques, el envenenamiento de aguas, tierras y aire, la modificación del cauce de los ríos, la pobreza y el  hambre, entre otros, lo que en esencia significa el aniquilamiento de las especies humanas (Santana Cova, 2000:42).

Dentro de las innumerables conexiones que existen entre esta dominación y explotación que sufren por igual la mujer y la naturaleza dentro del sistema patriarcal, y que son tratadas in extenso en la obra de Karen Warren (2003), se señalan las conexiones histórica y causal, la epistemológica , la simbólica , la ética, las teoréticas  y las políticas. Nos interesa destacar dos tipos de conexiones que servirán para clarificar este trabajo: las conexiones conceptuales y las empíricas entre ambas dominaciones.
La conexión conceptual que existe entre la dominación de la mujer y de la naturaleza por el sistema patriarcal consta de cuatro tipos de vínculos conceptuales. El primero que señala Warren es el dualismo de valores excluyentes y disyuntivos, ordenados jerárquicamente (cultura/naturaleza; varón/mujer). El segundo vínculo conceptual señalado es la incorporación de un marco conceptual de carácter opresivo y patriarcal que justifica relaciones de dominación y subordinación, en especial la subordinación de la mujer con respecto al varón justificado por una construcción cultural de superioridad masculina.
Los marcos conceptuales patriarcales han sido legitimados a través del siguiente argumento (Warren 2003b):

Ϟ    Las mujeres han sido identificadas con la naturaleza en el terreno de lo físico; los varones han sido identificados con lo humano en el terreno de lo mental.
Ϟ    Aquello que es identificado con la naturaleza en el terreno de lo físico es inferior a aquello que es identificado con lo humano en el terreno de lo mental.
Ϟ    Por lo tanto, las mujeres son inferiores a los varones.
Ϟ    Siempre que x es superior a y está justificado para subordinar a y.
Ϟ    Por lo tanto, los varones están justificados para subordinar a las mujeres.

El tercer vínculo conceptual es el que sitúa a las mujeres, por sus experiencias corporales en relación con la naturaleza, en un lugar muy diferente al de los varones basado en una socialización diferenciada. Y el cuarto y último vínculo de los señalados hace referencia al análisis de las metáforas y modelos de la ciencia en el iluminismo, remarcando que en el siglo XVII la naturaleza era concebida en femenino como una madre nutriente, y luego de la revolución científica se la concibe a la naturaleza como un modelo mecánico, como una máquina inerte (femenina). Al respecto de ello, es importante señalar que, coincidiendo con Tardón Vigil:

La feminización de la naturaleza y la naturalización de la mujer son dos metáforas que tras la revolución científica han perjudicado tanto a una como a otra, puesto que la naturaleza se ha convertido en ese ser vulnerable del que se puede abusar; la mujer, por su parte, ha sufrido las consecuencias de esa mecanización de lo orgánico, y al convertirse el hombre en el dueño de la técnica, el mundo femenino ha quedado subordinado a cuidar de lo orgánico, menos considerado económica y socialmente. La feminización de la naturaleza se está utilizando para explotarla, y no para ensalzar sus valores. La transgresión de la metáfora es por tanto el vínculo de colaboración entre feministas y éticos medioambientales (2011:538).

Ante estos vínculos conceptuales, de acuerdo a la autora, el feminismo debe ocuparse de replantear y reconcebir las nociones filosóficas fundadas en dualismos, revelar y transgredir la manera en que los marcos conceptuales se manifiestan en teorías y prácticas que conciernen a la mujer y a la naturaleza; desarrollar lenguajes, teorías y prácticas que tengan en cuenta los géneros y que no promuevan actos y hábitos que exploten a la mujer y a la naturaleza en las culturas disociadas e identificadas con el género masculino y transgredir metáforas y modelos que feminizan la naturaleza y naturalizan la mujer en detrimento de éstas (Warren, 2003).
Analizada la conexión conceptual de la dominación de la mujer y de la naturaleza por el sistema patriarcal, recordaremos el análisis de la conexión empírica entre ambas dominaciones. Se vincula a la mujer con la naturaleza porque la presencia de pesticidas, tóxicos, baja radiación, y otros contaminantes causan problemas de salud que han afectado desproporcionadamente a mujeres y niños y niñas. Incluso en un trabajo de Stephanie Lahar se pone de manifiesto que en los países “subdesarrollados” “hay una correlación directa entre la adopción de la tecnología de la revolución verde (agroquímicos, cultivo intensivo) y el incremento de la violencia y la discriminación de la mujer” (Lahar, 2003:42).

Es interesante resaltar que de la misma manera que no existe un sólo feminismo, sino que se habla de feminismos, lo mismo se aplica al ecofeminismo, que debe considerarse desde su pluralidad. La intención es seguir profundizando en las corrientes ecofeministas y compartir nuestras indagaciones con ustedes.

Julieta Evangelina Cano y María Laura Yacovino

  • Lahar, Stephanie (2003) “Teoría ecofeminista y activismo político” en Warren, Karen (Ed.) Filosofias ecofeministas,  ICARIA.
  • Santana Cova, Nancy (2005) Los movimientos ambientales en América Latina como respuesta sociopolítica al desarrollo global. Espacio Abierto [online], vol.14, n.4 [cited  2014-01-23], pp. 555-571.
  • Tardón Vigil, María (2011) “Ecofeminismo. Una reivindicación de la mujer y la naturaleza” El Futuro del Pasado: revista electrónica de historia, Nº. 2, 2011 (Ejemplar dedicado a: Razón, Utopía y Sociedad), págs. 533-542
  • Warren, Karen (2003) “Introducción. Filosofías ecofeministas: una mirada general”, en Warren, Karen (Ed.) Filosofias ecofeministas,  ICARIA.