Amordazar

Autor: Gabriel Sanz

Bienvenidos a De(s)generando el género.

DE(s)GENERANDO EL GÉNERO nace de la necesidad de aunar esfuerzos para lograr la Igualdad de género. El nombre no es casual, sino que se enraíza en el fin que perseguimos: degenerar los conceptos que inundan las consideraciones de género para llegar a deshacerlo, desgenerarlo, y despojarlo de todos estereotipos y mandatos que marcan “el deber ser”en función del sexo con el que nacimos. Nos definimos como feministas, porque creemos que la única forma de vivir en un mundo más justo se relaciona con la igualdad real de oportunidades entre mujeres y hombres. Creemos que la educación e información, son la herramienta que nos permitirá vivir en la diversidad, la pluralidad y tolerancia humana. Tenemos la convicción de que esto es posible, y por eso armamos este BLOG , el cual dividimos en secciones que nos parecen de interés para quien quiera acercarse a la temática y estar actualizad@. Las sección “Reseñas”, haremos un breve análisis de distintos títulos de libros y películas que abordan la temática . En las “noticias destacadas”, exponemos los sucesos más relevantes e inauditos, con un pequeño análisis de las mismas. En la agenda, publicamos los eventos relacionados con la temática. En los links de interés, aquellos enlaces que creemos interesantes. Y en la página principal habrá una producción nuestra sobre diversos temas. Todas estas secciones, las vamos a actualizar semana a semana, ya que creemos que la Igualdad y la concientización, es un camino de todos los días.

lunes, 30 de marzo de 2015

Repasando la historia: la Declaración de Séneca Falls de 1848.

Elizabeth Cady Stanton fue la ideóloga de la Declaración de Séneca Falls que data del año 1848. Junto con Susan B. Anthony se convirtirían en las referentes del feminismo sufragista norteamericano. A partir de la lectura de la misma podemos dar cuenta de que en pleno siglo XIX, las mujeres no aceptaban pasivamente las desigualdades que sufrían, y eso es lo que nos parece más valioso de esta historia, como de muchas otras historias: en la escuela, nunca nos enseñan los movimientos de resistencia que triunfan, pareciera que lxs oprimidxs aceptaran casi gustosamente, apáticamente, la situación de opresión. Recorrer la historia de las mujeres nos enseña cómo la disputa por la consolidación de la ciudadanía plena, viene de larga data. Y también enseña que si luchamos, si sostenemos la lucha, obtendremos resultados. Y eso es algo que quizá a algunxs no les interesa que se sepa (un ejemplo muy reciente es el Tren de la Libertad español).


Lo que sustenta esta Declaración es la firme convicción de la igualdad entre mujeres y varones, incluso una igualdad que se sostiene desde lo religioso, recordemos la influencia de la mismas en las vidas de mujeres y varones a mitad del siglo XIX: "Mantenemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres y mujeres son creados iguales; que están dotados por el Creador de ciertos derechos inalienables, entre los que figuran la vida, la libertad y el empeño de la felicidad; que para asegurar estos derechos son establecidos los gobiernos, cuyos justos poderes derivan del consentimiento de los gobernados". Incluso en esta frase hay una apelación al contrato social, que en términos de Rousseau y Locke había dejado a las mujeres in derechos de ciudadanía.

Es muy interesante la historización que realiza la declaración de la opresión de la mujer: "La historia de la humanidad es la historia de las repetidas vejaciones y usurpaciones perpetradas por el hombre contra la mujer, con el objetivo directo de establecer una tiranía absoluta sobre ella". A raiz de esta afirmación, se enumeran los derechos de los que fueron privados las mujeres: aunque carente de derechos políticos, sí eran sujetas de obligación respecto de leyes en las que no participaron. Equiparan la institución del matrimonio a una muerte civil, e incluso denuncian que se les ha negado el derecho por antonomasia del sistema capitalista: el derecho de propiedad privada. Así de excluídas se encontraban. Es interesante también la observación que hacen con respecto a los derechos y deberes que se les imponen: "Después de despojarla de todos los derechos como mujer casada, si es soltera y posee fortuna, está gravada con impuestos para sostener un gobierno que no la reconoce más que cuando sus bienes pueden serle rentables". 

Resaltan el tema de la negación del derecho a la educación; y lo que nos parece más maravilloso es cómo dan cuenta de la doble moral o del doble standar que se aplica a varones y a mujeres: "Ha creado (el Estado) un sentimiento público falso al dar al mundo un código de moral diferente para el hombre y para la mujer, según el cual ciertos delitos morales que excluyen a la mujer de la sociedad, no sólo no se toleran en el hombre, sino que se consideran de muy poca importancia en él".

¿Qué demandaban? Pues los derechos y los privilegios que les correspondían como ciudadanas.
¿Qué decidieron? (en líneas generales)
1. Que las leyes contrarias a la felicidad de la mujer son contrarias a la naturaleza. De esto se sigue, suponemos, el permiso para no cumplirlas.
2. Que la mujer, por mandato divino, es igual al varón.
3. Que las mujeres tienen derecho a ser informadas sobre el régimen legal que las rige
4. Que si se supone que la mujer es superior moralmente, debe dársele la palabra públicamente.
5. Que las exigencias que pesan sobre las mujeres, también sean exigidas a los varones.
6. Que no quieren que usen los estereotipos de género para privarlas de voz.
7. Que no se acepta más la pasividad femenina frente a las injusticias
8. Que es un deber de la mujer acceder al voto
"DECIDIMOS, POR TANTO: Que habiendo sido investida por el Creador con los mismos dones y con la misma conciencia de responsabilidad para ejercerlos, está demostrado que la mujer, lo mismo que el hombre, tiene el deber y el derecho de promover toda causa justa por todos los medios justos; y en lo que se refiere a los grandes temas religiosos y morales, resulta muy en especial evidente su derecho a impartir con su hermano sus enseñanzas, tanto en público como en privado, por escrito o de palabra, o a través de cualquier modo adecuado, en cualquier asamblea que valga la pena celebrar; y por ser esto una verdad evidente que emana de los principios de implantación divina de la naturaleza humana, cualquier costumbre o implantación que le sea adversa, tanto si es moderada como si lleva la sanción canosa de la antigüedad, debe ser considerada como una evidente falsedad y en contra la humanidad".

Es muy interesante como esta Declaración, usa los estereotipos de género a su favor, e incluso apela a argumentos que han dejado a las mujeres fuera de la ciudadanía para darlos vuelta y justificar su derecho a que las diferencias no se traduzcan en desigualdades. Simplemente, esta Declaración nos parece maravillosa para documentar cómo las mujeres siempre resistimos la opresión impuesta por el patriarcado. Notese que es del mismo año que el Manifiesto Comunista...pensemos en la trascendencia de ambos documentos...¿qué nos invita a reflexionar?

Julieta Evangelina Cano y María Laura Yacovino

domingo, 8 de marzo de 2015

8 de Marzo y día internacional de la mujer... porque no quiero me saluden hoy…


Porque soy parte del colectivo de mujeres que nos rebelamos y revelamos como sujetas de derecho y de la historia, aquellas que por no sentir, desear, hablar, pensar, tener sexo con, discutir, vestir, reivindicar, reproducir y “sacrificarnos” como nos imponen los mandatos sociales, somos estigmatizadas como putas o como santas.
 
Porque soy parte de las que alzamos la voz contra todos los tipos de violencias, aquellas tan crudas y expuestas como la física al igual que las no tan visibles como la obstétrica. Porque exijo poder decidir sobre nuestro propio cuerpo y nuestra sexualidad, negándole así espacio al Estado quien lo normativiza -y también criminaliza nuestras elecciones-, a dios que lo quiere dirigir moralmente con condiciones misóginas, y a la sociedad que nos impone un amor lleno de mitos.
 
Porque soy parte de las que gritamos que el patriarcado es asesino y el capitalismo su cómplice, porque:
  • Los hechos y la realidad indican que el porcentaje a nivel mundial de niñas y adolescentes escolarizadas es menor al de varones. 
  • No se nos otorgan las mismas facilidades crediticias y es por ello que el acceso a la tierra o la vivienda se nos conculca. 
  • No tenemos los mismos derechos de herencia ni laborales. 
  • La pobreza y las migraciones tienen rostro de mujer.
  • Se invisibiliza la doble jornada de muchas ya que cuando la mujer llega del trabajo tiene que “hacerse cargo” de las tareas del hogar. 
  • Se nos quiere obligar a ser abnegadas, e inculcar que fuimos creadas para ser madres por ser algo "natural" e "instintivo", intrínseco de nuestro sexo; cuando en realidad se trata de una decisión que cada una tiene derecho a tomar.
  • Se nos mutila por creencias religiosas o justificaciones culturales como mecanismo de control y de marcar el poder sobre nuestro sexo. 
  • Se mercantiliza nuestro cuerpo como simple propiedad, somos objetos explotados para placer del macho.
Se nos apedrea y juzga por reivindicar nuestro derecho de humanas, se nos ridiculiza cuando usamos un lenguaje inclusivo que nos nombra y nos identifica sabiendo que el silencio es opresión, se nos niega el acceso a la justicia sea por operadorxs jurídicos ineficaces e insensibles o funcionarixs policiales poco concientizadxs y educadxs, reproductorxs de prejuicios, porque ser mujer es un factor de riesgo, nos matan, nos queman, nos violan en tiempos de paz y en guerra.




Es por esto que siento que es un oxímoron que me saluden el día de la mujer, prefiero que se tomen el tiempo necesario para educar a las próximas generaciones desde la igualdad, diversidad e inclusión; para romper esquemas, estructuras y construcciones sociales, para que piensen lo importante y trascendental que es transformar la realidad, porque ésta no es inmutable. Prefiero que se tomen el tiempo necesario para construir nuevas masculinidades que no sean hegemónicas, dispuestas a perder ciertos privilegios, porque “ahí donde existe un privilegio, un derecho es negado”. Prefiero que acompañen, puesto que no queremos amos, ni machos, ni príncipes. Queremos propiciar la reflexión y el cuestionamiento de las tradiciones así como de las costumbres que se erigen en cuna de las desigualdades, porque tenemos la obligación de llegar a la igualdad real y efectiva, y no solo aparente.

Lxs invito a ser feministas, que entiendan la raíz de la lucha, que es atravesada por las diferentes categorías como etnia, clase social o edad y que entiendan las reivindicaciones de los colectivos de mujeres. Por último, comprender y apropiarse de la importancia de nuestro empoderamiento social, económico y político tanto en el ámbito público como privado.

"Una de las mayores fuerzas que mueven al mundo en nuestra época es la revolución de la igualdad" Barbara Ward

Por Micaela Cano

miércoles, 3 de diciembre de 2014

El ser mujer, el devenir puta

En esta entrada no nos ocuparemos de las mujeres prostituídas. Nuestra posición al respecto es una, y es abolicionista, y no consideramos que la prostitución sea un trabajo sino una explotación sexual. Tampoco es nuestra intención cuestionar si es adecuado o no utilizar la palabra "puta" como reivindicación a fin de neutralizar ese insulto al tomar otro valor. Lo que nos proponemos es abordar qué prohibiciones y preceptos circulan cada vez que un varón o una mujer le dice a modo de broma o de insulto, “puta” a una mujer, es decir que otras cosas decimos cuando decimos PUTA.
En la página de “la marcha de las putas”, relatan que estando reunidas muchísimas mujeres pidieron que levante la mano aquellas a las que NUNCA le habían dicho “puta”. No hay que ser vidente (con ser mujer basta) para suponer que no hubo ninguna mano alzada.
La palabra “puta” en sus diversos significados funciona como regulador de las conductas y los cuerpos de las mujeres, generando en paralelo una división entre las “chicas bien” y “las otras, las putas”. Desde pequeñas nos enseñan cómo comportarnos para “no ser putas”, e imprime en el cuerpo de la mujer el miedo a ser adjetivadas como tales, estableciendo una doble moral en la que sentir placer por el sexo no sólo no está permitido sino que desvaloriza a la mujer, y sólo es posible vivirlo a escondidas y con culpa.
Marta Lamas sostiene que la expresión puta
se usa no sólo para nombrar a las trabajadoras sexuales; se usa para calificar a las mujeres que no se ajustan a los lineamientos de “decentes” (sea porque tienen relaciones sexuales libres o simplemente porque visten de manera llamativa) ; pero también ciertos hombres utilizan dicho apelativo como venganza cuando una mujer resiste sus avances indeseados. Por eso el calificativo de “puta” les sirve a ciertos hombres como insulto y socialmente se vuelve un arma para mantener a raya a las mujeres: el temor de ser calificadas de “putas” las predispone a aguantar malos tratos o restricciones a sus deseos. Así, la utilización arbitraria y sexista de “puta” cuando el comportamiento de las mujeres no es lo que se espera hace que en cualquier momento las mujeres puedan ser estigmatizadas como putas (Lamas, 2011)

Nos parece sumamente interesante lo que plantea Marta Lamas, y nos permite pensarlo desde el concepto de estigma. Erving Goffman (1963) lo define como un atributo personal negativo, que sitúa a una persona como inferior y diferente. De esta manera, cualquier comportamiento que realice el/la estigmatizadx, será fuente de vergüenza, humillación y rechazo. El autor hará una división entre sujetos desacreditables y sujetos desacreditados. Lxs primerxs buscarán manejar en las interacciones sociales, las informaciones que transmiten, a fin de ocultar el estigma; mientras que lxs segundxs, se enfrentarán a la burla y el rechazo, por presentar el estigma negativo conocido por los demás. Si bien el concepto de desacreditado/desacreditable es mucho más amplio que este recorte, podemos pensar que en este caso el “ser puta”, es un estigma que a unas las excluye y a otras las amenaza; que aquellas mujeres que se encuentran en una situación de prostitución llevan el peso de ser estigmatizadas como sujeto desacreditados, y aquellas que vivan su sexualidad con cierta libertad y muchísima culpa, llevarán consigo el estigma de ser sujetos desacreditables. ¿Y que es lo más grave de este estigma? Que a las mujeres nos violentan y nos matan por putas.
Cuando trabajamos con mujeres víctimas de violencia de género, es moneda corriente escuchar que las tratan de putas por ser infieles, por querer trabajar, por vestirse de determinada manera, por no querer tener relaciones sexuales, por querer ejercer su libertad. Pero no sólo las mujeres que están atravesando  situaciones de violencia de género con su pareja son tratadas como putas en tanto estigma. Esa palabra se usa como castigo a cualquier acto de libertad que una mujer tenga sobre su cuerpo y con el fin de juzgar la sexualidad de las mujeres: se dirige a la que se acuesta libremente con quien quiere y a la que no acepta una relación, a la rebelde, a la que no vincula como condición sine qua non el deseo sexual al amor, ni la sexualidad a la institución de la pareja (no hace falta más que pensar en que adjetivos se enuncian para hablar de la sexualidad libre de las mujeres -puta, zorra, gato, perra- y la de los varones -adjetivado de manera positiva-), a la que grita si la insultan, a la que no quiere recibir un piropo, a la que tiene una pollera corta, la que camina sola a las doce de la noche...y eso además de puta, la convierte en culpable si sufre algún tipo de abuso, porque se lo merece por puta..

Compartimos algunos fragmentos de lo que escribe Déborah Jael, Organizadora de La Marcha de las Putas Bs As:

Por qué Soy una Puta: “Usan esa palabra para intentar insultarme cuando me comporto de forma libre. Cuando disfruto de mi sexualidad. Cuando elijo con quién si y con quien no quiero. Cuando me defiendo de quien me ataca. Cuando le respondo a un hombre que espera que me quede callada. Cuando GRITO las injusticias que veo a mi alrededor. Cuando no me importa qué piensen de mi o de mi ropa. Cuando peleo por mis ideas, y por cambiar el mundo. Por ende, soy una puta. Soy re puta, y con orgullo. Porque soy una mujer libre, soy una puta. Porque amo a los hombres y a las mujeres y me interesa disfrutar CON ellos, soy una puta. Porque busco COMPAÑER@S y no dueñ@s, soy una puta. Por hacer de mi vida lo que quiero, por eso soy una puta. Por responderle a un tipo en la calle que me acosa, soy una puta. Por tener una pollera corta en el tren, me manosearon a los 17, porque iba vestida como Puta (claro, en verano la ropa cómoda y fresca es sólo para los hombres... o para las putas). Por haber denunciado a un tipo que me acosó en mi trabajo, fui una puta (para mi ex jefe, lo era por vestir una bermuda y un vestido que me tapaba incluso la cola... nuevamente, el verano es sólo para los hombres). Por vestirme sexy cuando quiero, soy una puta. Por tener actitud sexy, soy re puta. Por sentirme sexy, soy incluso más puta. Por gozar, soy una puta. Por tener sexo con varios hombres sin haberme casado ni ser la novia de ninguno, soy una puta. Por ser mujer, soy una puta (porque toda mujer es una puta escondida, y por eso a TODAS nos lo han dicho al menos una vez en la vida). Por haber sido una niña, fui abusada (andá a saber qué tenía de puta en ese momento que pudo 'provocar'). Luego, por ser una puta, fui forzada sexualmente. Y por sentirme una puta, me lo callé.
Pero eso se acabó.
Pasó mucho tiempo hasta que descubrí que el problema no era yo. Que no era la que estaba 'sucia' ni la que tenía que dejarme hacer. Y ahora, ya no duele la palabra puta, marcada a fuego en el alma. Me di cuenta de que lo que intentan insultar es MI LIBERTAD. (...) Nada más temeroso que una mujer que se sabe MUJER y no sumisa, como nos quieren hacer creer. (...)Las mujeres tenemos que aprender a ser mujeres libres, y los hombres, a ser hombres libres.”


Julieta Evangelina Cano y María Laura Yacovino

Bibliografía:
  • Jael, Deborah. https://www.facebook.com/notes/no-quiero-tu-piropo-quiero-tu-respeto/por-qu%C3%A9-puta-como-insulto/481418668554989
  • Lamas, Marta (2011) La Marcha de las Putas. Disponible en http://www.proceso.com.mx/?p=272467 (recuperado 2/12/14)
  • Lamas, Marta (2011) Las mujeres temen ser llamadas “putas”: Marta Lamas. Disponible en http://www.notiese.org/notiese.php?ctn_id=5246 (Recuperado 2/12/14)
  • Yacovino, Maria Laura: Los Roles de Género en la Transexualidad, ¿Ser y parecer?. TFM, Universidad de Salamanca.





miércoles, 19 de noviembre de 2014

Grandes mujeres de la historia. Hoy: Alejandra Kollontai

Alejandra Kollontai es una feminista invaluable, que nos hizo pensar mucho en la distribución de poder desigual entre varones y mujeres, incluso en un marco de paridad como puede ser un sistema comunista. Alejandra da cuenta de las hondas raíces del patriarcado, y cómo éste se alía con los sistemas económicos para la opresión de la mujeres (entre otras cosas). Articula entonces, feminismo y marxismo.


Alejandra Kollontai (1872-1952) fue una feminista y militante bolchevique, la única mujer que integró el Comité Central de Lenin. Nacida dentro de una familia acomodada, no asistió a la escuela sino que fue educada por un instructor particular. Se casó (dos veces) y separó muy joven, ambas cosas en contra de la voluntad de sus padres.  Parte a Suiza para instruirse, dejando atrás su primer matrimonio y el hijo fruto del mismo. Cuando vuelve a Rusia en 1899 se afilia al partido Social Demócrata.

Luego de la Primera Guerra Mundial (a la que se opuso activamente), Alejandra colaboró con la revista Nase Slovo dirigida por Trotski, pero ya luego de la revolución de febrero que derrocó al imperio Zarista, adhirió a las "tesis de abril" (que empoderaba a los soviets) de Lenin, y formó parte del grupo de dirigentes de la insurrección armada: "En julio se celebró el VI Congreso del Partido donde se escogieron los miembros del Comité Central, entre ellos Kollontai. El 10 de octubre el Comité Central votó a favor de la insurrección y el 25 tuvo lugar la toma del Palacio de Invierno que instauró las bases para un estado obrero. En el nuevo gobierno, Kollontai fue elegida Comisaria del Pueblo para la Asistencia Pública"  (d'Armengol, 2003).

Alejandra era feminista, y tenía abiertos dos frentes de lucha: por un lado, luchaba en contra de un feminismo hegemónico o burgués (sufragista) que ignoraba las desigualdades de base entre las propias mujeres: "recalcando ideas como que la liberación de las mujeres no era posible en un contexto de explotación laboral, desempleo crónico, doble jornada, lo que hacía imposible la liberación de las obreras en el sistema capitalista"  (Sanfeliu, 2009, p.11). Alejandra entendía que el socialismo era la condición sine qua non para la emancipación, pero con eso solo no bastaba. Por otro lado, también se enfrentaba con sus camaradas, que consideraban la situación de las mujeres como un tema menor. Alejandra siempre denunció que no existía la paridad entre mujeres y varones dentro del Comunismo (habiendo un decreto sobre la igualdad entre los sexos), por la cual ella militaba y abogaba.

La Rusia Comunista fue el primer país en donde se decretó una igualdad política, económica y sexual entre mujeres y varones. Las mujeres, gracias a ello, accedieron a derechos civiles, laborales y políticos, e incluso a la propiedad de su propio cuerpo al establecer la legalidad del divorcio, y la gratuidad y libertad para el aborto. Además, y muy importante fue la intención de la transferencia del trabajo doméstico a la esfera pública, y colectivizarlo mediante "casas de maternidad, guarderías, parvularios, escuelas, comedores populares, lavanderías populares, centros de reparación de ropa, etc., que ayudaron a la mujer a librarse de las tareas tradicionalmente asignadas a ella" (d'Armengol, 2003).

Alejandra Kollontai fue una de las primeras activistas que dio cuenta de que la opresión que sufrían las mujeres dentro del hogar era una de las causas de su poca participación política.  Ella creía que la transformación social y la igualdad real, vendría de la mano de la transformación del orden económico que producía y se aprovechaba de las desigualdades, pero también de la transformación de  las relaciones que se daban entre varones y mujeres, "Alejándose políticamente de sus compañeros de partido, llamó a una revolución cultural que transformase las relaciones interpersonales" (d'Armengol, 2003). Alejandra entonces, fue un paso más allá.

El Stanilismo significó un retroceso en los derechos de las mujeres. Se las convocaba nuevamente al rol tradicional, se ilegalizó el aborto en 1936 y se penalizó el divorcio, reforzándose el ideal de la familia y la mujer, dentro de ella, en su rol meramente reproductivo. Alejandra terminó siendo parte de la oposición dentro del partido "al que acusaba de excesivo centralismo y de limitar la libertad de discusión". Fue amenazada con la expulsión del Partido y como criticaba abiertamente a la dirección del mismo llevada a adelante por Stalin,  fue alejada del país convirtiéndose en la primera mujer embajadora (que fue lo que le salvó la vida, ya que Stalin luego asesinó al 70% de los miembros del Comité Central). Sin embargo, es indudable su "su aportación teórica y práctica a la lucha inseparable por el socialismo y la igualdad de la mujer" (d'Armengol, 2003).


"Lo más significativo de su discurso fue hacer suya la idea de Marx de que para construir un mundo mejor, además de cambiar la economía, tenía que surgir el hombre nuevo. Así, defendió el amor libre, igual salario para las mujeres, la legalización del aborto y la socialización del trabajo doméstico y del cuidado de los niños, pero, sobre todo, señaló la necesidad de cambiar la vida íntima y sexual de las mujeres. Era necesaria la mujer nueva que, además de independiente económicamente, también tenía que serlo psicológica y sentimentalmente" (Varela, 2005, pp. 77-78). Alejandra abogaba por el nacimiento de "la mujer nueva"

Entre sus trabajos destacan:
o         La mujer ante el desarrollo social (1909)
o         Sociedad y maternidad (1916)
o         La nueva moral y la clase obrera (1918)
o         Autobiografía de una comunista sexualmente emancipada (1926).

Julieta Evangelina Cano y María Laura Yacovino
Bibliografía

  •    Sanfeliu, L. (2009). "Historia de los movimientos feministas y políticas de género".
  •    Varela, N. (2005) Feminismo para principiantes, Barcelona, Ediciones B.
  •     http://www.biografiasyvidas.com/biografia/k/kollontai.htm (recuperado el 10/11/2014)
  •     http://mujeres-riot.webcindario.com/Alexandra_Kollontai.htm que recupera un artículo de Laia d'Armengol para el número de "En Lucha" de Septiembre del 2003. (recuperado el 10/11/2014)
  •     http://mujeresparapensar.wordpress.com/2009/06/28/alexandra-kollontai/  (recuperado el 10/11/2014)

domingo, 9 de noviembre de 2014

Encuentro Nacional de Mujeres: Una experiencia única

Vamos caminando
Aquí se respira lucha
Vamos caminando
Yo Canto por que se escucha
Vamos dibujando el camino
Estamos de pie
Vamos caminando
Aquí estamos de pie”

Latinoamérica, Calle 13.




Este año 40.000 mujeres se encontraron en Salta en el Encuentro Nacional de Mujeres. Desde hace 29 años que estos Encuentros tienen lugar en distintas partes del país. ¿De que se trata?¿Quiénes van? ¿Para qué?¿Por qué si hace tantos años que se realizan, mucha gente no sabe de su existencia?¿Qué las convoca? ¿Cómo vuelven a sus vidas cotidianas las mujeres que asisten?.
Si bien intentaremos compartir algunas cuestiones objetivas de los Encuentros, esas preguntas sólo se responden pasando por la experiencia de un encuentro. Compartiendo codo a codo con otras mujeres ese espacio autoconvocado. Viviendo la sororidad. Sintiendo en el cuerpo la liberación de la lucha colectiva.
Cada año, miles de mujeres llegan por primera vez a los Encuentros. Estuvimos entre ellas, y como a tantas nos dijeron que cuando regresemos “ya no seríamos la misma”. Y eso pasó.
El Encuentro es un fenómeno inaudito en el mundo: miles de mujeres de distintas clases, edades, gustos y colores se encuentran de forma autónoma y sin financiamiento alguno bajo la premisa de la horizontaildad y la pluralidad. El primero se gestó a poco tiempo de recuperada la democracia entre el 23 y el 25 de Mayo de 1986 en el Centro Cultural San Martín, “en ese tiempo se luchaba por la patria potestad compartida, cuando todavía los varones tenían en su poder –por sobre las madres– las decisiones legales sobre sus hijos. Y, en ese momento, ni siquiera estaba aprobada la ley de divorcio. De ese reclamo a la actualidad hay mucho camino recorrido. Los cambios sociales son abismales y, en muchos casos, fueron impulsados desde las marchas que cierran los Encuentros de Mujeres” (Peker, 2013). Un grupo de mujeres que habían asistido el 1985 a la III Conferencia Mundial de Mujeres de Nairobi, tuvieron la iniciativa de convocar a grupos de mujeres que tuviesen inquietudes por nuestros derechos a pensar juntas y debatir sobre la realidad de las mujeres en ese momento. Alrededor de mil mujeres, se reunieron esos días de Mayo en el Teatro San Martín, probablemente sin siquiera imaginarse que los encuentros se convertirían en una cita ineludible, federal y transformadora.
El Encuentro empieza con palabras de apertura y bienvenida de la Comisión Organizadora. Se entregan las carpetas donde hay una especie de mapa en la que se especifican que talleres hay y donde se encuentran. La manera de participar es muy singular, y acorde a la necesidad de cada mujer: se puede asistir a un solo taller durante todas las jornadas, o participar de varios. La diferencia radicará en que a la hora de elaborar las conclusiones, se privilegia la voz de las mujeres que han participado del debate durante todas las jornadas. La idea principal de los talleres, es que la palabra circule y que se pueda elaborar una síntesis de lo trabajado, razón por la cual la búsqueda de consenso es la única forma posible de plasmar lo trabajado: no se trata de votar y que “gane” la mayoría, sino de escuchar y consensuar siguiendo el espíritu horizontal, pluralista y democrático del Encuentro. Cada taller designa una lectora, y entrega las conclusiones a la Comisión Organizadora.
Terminado este segundo día de trabajo, tiene lugar la marcha en la que todas las mujeres recorren las calles de la ciudad. En lo personal fue una experiencia transformadora, en la que el cuerpo vibró al son de los cánticos colectivos. Todas esas mujeres, todas nosotras ahí, marchando, haciéndonos oír, encontrándonos, con la certeza de que la situación que atravesamos las mujeres cada día, es capaz de transformarse al volverse colectiva. Sintiendo la hermandad en cada paso, vibrando que sí se puede. Una marcha que a la vez, sorprendió a los lugareños al ver tantas mujeres unidas tras una misma lucha, la de los derechos de género. Una marcha que tiñó el aire salteño de lucha.
Esa misma noche, se organiza una peña donde reina la distensión, el baile, las risas. Al otro día, se cierra el Encuentro con la lectura de las conclusiones elaboradas en los mas de 70 talleres, y se elige la sede donde se hará el año próximo.
Como comentamos al inicio, no se vuelve igual del Encuentro de Mujeres. Estar ahí, es sentir todas las historias que trae cada mujer de manera singular, unidas en las experiencias de la desigualdad y en las resistencias cotidianas. Pasar por el Encuentro deja inevitablemente una huella. Hay mucho que se vive desde el cuerpo, territorio repleto de inhibiciones y prohibiciones. Espacio donde el patriarcado ha marcado la opresión. Cuerpo con historia, la propia y la de todas las mujeres que nos anteceden y acompañan. Cuerpo donde se experimenta el dolor y se vive el placer. Placer que se siente con mucha presencia en el encuentro, porque ese cuerpo oprimido se siente liberado, se siente propio: “Estar en los encuentros, participar de ellos genera una instancia de nueva significación, porque el encontrarse con otros cuerpos durante tres día, trasladarse, viajar, debatir, bailar, reír, vivir el encuentro “es” ser parte de ellos de manera colectiva.”  (Alma y Lorenzo, 2009, p 18)
Estando en el encuentro, se respira lucha y certeza de cambio. Y ¿después? ¿Cómo se sigue? Este después es muy reciente, por lo cual no podríamos responderlo. Sí sentimos que hay algo que cambia, hay una energía que emerge, y un caudal de ideas que gritar por ser llevadas a la práctica. Las resistencias culturales son las mismas, nosotras no.


Como comparte una mujer en el libro “Mujeres que se en Encuentran” en relación a esta idea del después: ¿Cómo sigue esto? ¿Qué se hace?... Y de a poco a medida que seguís participando en otros te das cuenta que los Encuentros de Mujeres son eso, son esos tres días donde te llevas toda esa experiencia con la que seguís trabajando aunque no te des cuenta, durante todo el año, durante toda la vida, ya está… estás marcada de alguna forma, algo pasó y ya nada vuelve a ser lo que era… y lo que te queda es ir al próximo, es ir al otro…” (Alma y Lorenzo, 2009, p. 54.).

Julieta Evangelina Cano y María Laura Yacovino



BIBLIOGRAFIA

Amanda Alma y Paula Lorenzo. (2009). Mujeres que se Encuentran. Una recuperación histórica de los Encuentros Nacionales de Mujeres en Argentina (1986 a 2005). Buenos Aires: Ed. Feminaria.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Feminicidio: las generalidades y particularidades de las mujeres víctimas

Claramente una de las contribuciones más importantes del feminismo al debate actual han sido las categorías de género y de patriarcado, y a ellas podemos sumarle actualmente una nueva categoría analítica que nos permite conceptualizar un tipo de violencia contra las mujeres en donde los Estados son actores por permitir u omitir la acción ante un patrón estructural de discriminación contra las mujeres que termina con sus vidas. Estamos hablando del concepto de feminicidio acuñado por Marcela Lagarde a partir de su participación en la Comisión Investigadora de los feminicidios ocurridos en Ciudad Juárez (México) y partiendo del concepto de femicide de Diana Russell. El término femicide, que es traducido como femicidio que involucra a todos los asesinatos sexistas de mujeres “realizados por varones motivados por un sentido de tener derecho a ello y/o superioridad sobre las mujeres, por el placer o deseos sádicos hacia ellas, y/o por la suposición de propiedad sobre las mujeres” (Russell, 2005:138). Al “feminicidio” Marcela Lagarde le dio otro contenido: “conjunto de delitos de lesa humanidad que contienen los crímenes, los secuestros y las desapariciones de niñas y mujeres en un cuadro de colapso institucional. Se trata de una fractura del Estado de derecho que favorece la impunidad. Por eso, el feminicidio es un crimen de Estado” (2005:155). Con esta categoría entonces, se pone de manifiesto que la violencia institucional se queda con la vida de las mujeres, colocando al Estado como el principal responsable de ello.

Vamos a utilizar como disparador de esta entrada la conferencia de Marcela Lagarde pronunciada en la Universidad de Oviedo en el año 2006. En ella, la autora hace hincapié en la conceptualización del feminicidio como un logro de la actuación política feminista. El feminicidio es una categoría teórica, que se transforma en un cambio de paradigma epistemológico. Aunque llevó tiempo, la Real Academia Española aceptó integrar el término al diccionario de la lengua castellana, visibilizando así este tipo de violencia porque sabemos que lo que se nombra, existe en el mundo.

Cuando hablamos de violencias contra las mujeres, estamos hablando también de la existencia de un patrón de desigualdad estructural que las habilita y legitima. Marcela Lagarde, en la conferencia que nos sirve de insumo para esta entrada, quiere poner de manifiesto que cualquier mujer puede ser víctima de violencia feminicida y que de hecho no hay un perfil de víctima de violencia, ella acciona en pos de desestereotipar a la mujer víctima: "hay un estereotipo que ha dado la vuelta al mundo y es que quienes han sido asesinadas son mujeres jóvenes, morenas, pobres, de pelo largo, trabajadoras de las maquilas y que han sido asesinadas después de una gran violencia sexual contra ellas; es un estereotipo porque no corresponde a la realidad (…) Además de esas trabajadoras pobres de las maquilas, hay un 85 % de mujeres que corresponden a distintas clases sociales, a distintas edades, algunas de ellas no recibieron en ese momento violencia sexual y fueron asesinadas en sus casas por sus parientes" (2006:4).

Por otro lado, las autoras Sciortino y Guerra, que abordan el feminicidio  de Sandra Ayala Gamboa, una mujer peruana que al ir a una entrevista de trabajo se encontró con la muerte en la ciudad de La Plata y su cuerpo fue encontrado en una dependencia del Estado provincial,  están muy interesadas en que se tome conciencia de que es verdad que cualquier mujer puede ser víctima de distintos tipos de violencia, pero que hay marcas que se suman en los cuerpos femeninos y que hacen a determinadas mujeres más pasibles de ser victimizadas. Ellas lo expresan: "Consideramos de mucha importancia que la diferencia sexual en la que se fundamenta la desigualdad se examine junto a otras disponibilidades o condicionamientos que la atraviesan (…)Es decir, las mujeres asesinadas a las que nos referimos en este trabajo, además de mujeres, están situadas según la clase, la etnia y la identidad cultural o nacional” (2009:102) (…)“¿La condición de mujeres nos pone a todas en un mismo plano de indistinción al momento de elegir el cuerpo a sacrificar?, ¿Los asesinatos son igualmente visibilizados en tanto que todas son muertes de mujeres?" (2009:106).

Es importante destacar que así como la categoría género debe atravesar los análisis para relevar las diferentes implicancias que puede tener un mismo hecho en los cuerpos y subjetividades femeninas, también es verdad que no existe una sola mujer, sino que las mujeres en plural, estamos atravesadas por distintas categorías que nos hacen, o no, más vulnerables a la violencia machista, más invisibles, o no, ante la sociedad en un hecho de violencia feminicida. Nuestras particularidades pueden constituirse, o no, en marcas de subalternidad.

En la tolerancia estatal a la violencia contra las mujeres se puede leer que las mujeres son consideradas como sujetos devaluados, no importantes y sacrificables por ello. Cuando hay un Estado que actúa más firmemente contra los delitos contra la propiedad que contra las violencias contra las mujeres, es transparente el mensaje sobre las prioridades y sobre las problemáticas que se consideran relevantes socialmente. De acuerdo al informe de la Casa del Encuentro (2013), entre el 1 º de Enero de 2008 y el 31 de Diciembre de 2012, se han producido en Argentina  1.223 femicidios y femicidios “vinculados” de mujeres y niñas (p.63), y habría qué pensar al respecto, cómo opera la tolerancia estatal que se traduce en impunidad para los agresores, evidenciando, a nuestro criterio, el pacto juramentado de caballeros al que hace referencia Cellia Amorós. En esta línea, Lagarde evidencia que: “en la sociedad se acepta que haya violencia contra las mujeres, la sociedad ignora, silencia, invisibiliza, desvaloriza, le quita importancia a la violencia contra las mujeres y a veces las comunidades (familia, barrios, cualquier forma de organización social) minimizan la violencia y tienen mecanismos violentos de relación y trato con las mujeres” (2006:3). 

A pesar de que entendemos que Marcela Lagarde pretende (en este trabajo específicamente) una identificación estratégica con el ser mujer (todas podemos ser víctimas) también es verdad que no puede faltar del análisis las otras categorías que nos constituyen. Esto no debe servir para diferenciarnos y separarnos como mujeres, sino para entender que no hay UNA mujer, y que no resulta lo mismo ser blanca, de clase media y heterosexual que indígena, desocupada e inmigrante. La complejización de la categoría mujeres nos debe servir para plantear políticas más eficaces que prevengan, sancionen y erradiquen las violencias contra las mujeres. es necesario entonces, abordar la compleja trama de las violencias contra las mujeres desde la interseccionalidad.

Bibliografía consultada

  • Lagarde y de los Ríos, Marcela (2005) El feminicidio, delito contra la humanidad” en  Feminicidio, justicia y derecho. Comisión Especial para Conocer y Dar Seguimiento a las Investigaciones Relacionadas con los Feminicidios en la República Mexicana y a la Procuración de Justicia Vinculada. México.
  • Lagarde, M. (2006) Feminicidio , Disponible en: www.ciudaddemujeres.com/
  • Russell, Diana, (2005) “Definición de feminicidio y conceptos relacionados” en Feminicidio, justicia y derecho. Comisión Especial para Conocer y Dar Seguimiento a las Investigaciones Relacionadas con los Feminicidios en la República Mexicana y a la Procuración de Justicia Vinculada. México.
  • Rico, Ada Beatriz ; Tuñez. Fabiana [et.al] (2013) Por Ellas... 5 años de Informes de Femicidios. Observatorio de Femicidios en Argentina “Adriana Marisel Zambrano” de La Asociación Civil La Casa del Encuentro / 1era edición Buenos Aires: La Casa del Encuentro
  • Sciortino, S. y Guerra, L. (2009) “Un abordaje del feminicidio desde la convergencia entre teoría y activismo” en Revista Venezolana de Estudios de la Mujer, CEM de la Universidad Central, 14.32, pp. 99-124. 

lunes, 22 de septiembre de 2014

Ablación/mutilación genital femenina: cortando la libertad

En esta entrada hablaremos sobre la mutilación genital femenina, o ablación, que consiste en la extirpación total o parcial de los genitales externos femeninos. Este tema genera debate porque pone en juego cierto relativismo cultural que invisibiliza una realidad: que es una costumbre que viola el derecho a la salud y a la integridad física, y que refleja una profunda desigualdad entre varones y mujeres.

Para comenzar, compartimos un texto escrito en primera persona de la modelo Waris Dirie, embajadora de las Naciones Unidas en su campaña contra la mutilación genital femenina:

Me hallaba en Los Ángeles para dar una charla sobre la mutilación genital femenina. Accedí a hablar, aun cuando me resultaba difícil. En 1995 violé un fuerte tabú tradicional y hablé públicamente de mi propia circuncisión. Me había convertido en portavoz de Naciones Unidas para este asunto, pero cada vez que hablaba de ello despertaba en mí dolorosos recuerdos emocionales y físicos. Lo cierto es que cuando era pequeña le suplicaba a mi madre que me lo hicieran, pues había oído que me haría limpia y pura. Cuando no era más alta que una cabra, mi madre me sujetó mientras una anciana me seccionaba el clítoris y la parte interna de la vagina y cosía la herida. No dejó más que una minúscula abertura, del tamaño de la cabeza de una cerilla, para orinar y menstruar. En su momento yo no tenía idea de lo que estaba ocurriendo, ya que nosotros jamás hablábamos de ello. Era un tema tabú. Mi hermosa hermana Halimo murió a consecuencia de aquello. Aunque nadie de mi familia me lo dijo, estoy segura de que se desangró o murió de una infección. La mujeres midgaan que practican la circuncisión utilizan una cuchilla o un cuchillo afilado en una piedra para hacer el corte. En la sociedad somalí se las considera intocables, ya que proceden de una tribu que no es descendiente del profeta Mahoma. Usan una pasta de mirra para detener la hemorragia, pero cuando las cosas van mal no tenemos penicilina. Más adelante, cuando una chica se casa, en la noche de bodas, el novio intenta abrir a la fuerza la infibulación de la novia. Si la abertura es demasiado pequeña, se abre con un cuchillo. Después de años de lucha, me di cuenta de que en realidad es una mutilación, pero así y todo me sentía angustiada cuando hablaba del tema: temía que algo malo pudiera pasarme por violar el código de silencio”. Waris Dirie, Amanecer en el desierto. 2002.

Las palabras de esta mujer abre a la siguiente pregunta, ¿puede la tradición justificar una acto que tiene graves consecuencias en la salud, que genera un inmenso dolor físicopsíquico, que despierta temor y, todo por el simple hecho de ser mujer? Y acá no se trata de juzgar una cultura, sino de ver qué implica esta costumbre.
Creemos que la diferencia entre cultura y costumbre, puede ser el inicio para pensar que tipo de intervenciones es posible realizar, a fin de desarraigar esta práctica. En este sentido tomamos las palabras de Bénédicte LUCAS: “en efecto, la ablación/mutilación genital femenina no corresponde a una cultura - entendida como proceso, expresión de la vida humana, forma de comunicación y respuesta a unas necesidades básicas - sino a una costumbre, es decir a la fijación de una norma. Ahora bien, ¿cómo se puede valorar una costumbre? Desde el punto de vista filosófico-jurídico, el criterio de apreciación más pertinente es la confrontación de esa costumbre con los derechos humanos”.
La mutilación genital femenina está reconocida internacionalmente como una violación de los derechos humanos de las niñas y las mujeres que refleja la desigualdad entre los géneros. Es considerada como una violación de derechos humanos basada en la pertenencia al genero femenino y al rol social que se les asigna en cuanto tales. Además, como la mutilación genital femenina casi siempre se practica en menores, constituye también una violación de los derechos de las niñas.

El “por qué” de la Ablación.

La ablación es parte de un ritual de iniciación a la edad adulta practicado en África y Oriente Medio. En estas comunidades se aducen diferentes motivos para hacerlo:

Sexuales: a fin de controlar o mitigar la sexualidad femenina.
Sociológicos: se practica, por ejemplo, como rito de iniciación de las niñas a la edad adulta o en aras de la integración social y el mantenimiento de la cohesión social.
De higiene y estéticos: porque se cree que los genitales femeninos son sucios y anti-estéticos.
De salud: porque se cree que aumenta la fertilidad y hace el parto más seguro.
Religiosos: debido a la creencia errónea de que la ablación genital femenina es un precepto religioso. La ablación se practica principalmente a niñas y jóvenes de entre 4 y 14 años. 

Sin embargo, la mayoría de estudios antropológicos coinciden en que la motivación principal es que la práctica garantiza que la niña acate normas sociales claves, como las relacionadas con la restricción de la actividad sexual, el sometimiento al marido, la reducción de las relaciones extramatrimoniales, la feminidad, la respetabilidad y la madurez. Es decir, es el control del cuerpo y de la sexualidad femenina, enmascarada en razones de higiene, estética o de pureza.

Tipos de ablación o mutilación genital femenina
Existen varios tipos de ablación en función de la amplitud de la extirpación. Según la OMS:

Tipo 1 – Clitoridectomía: resección parcial o total del clítoris (órgano pequeño, sensible y eréctil de los genitales femeninos) y, solo en casos muy raros, del prepucio (pliegue de piel que rodea el clítoris).
Tipo 2 – Escisión: resección parcial o total del clítoris y los labios menores, con o sin escisión de los labios mayores (labios vulvares que rodean la vagina).
Tipo 3 – Infibulación o circuncición faraónica: reducción de la abertura vaginal mediante una cobertura a modo de sello formada cortando y recolocando los labios menores o mayores, con o sin resección del clítoris. Es decir sutura de los costados de la vagina dejando tan sólo un orificio diminuto para el paso de la orina y de la sangre menstrual. Es la forma más radical de la mutilación genital femenina.
Tipo 4 – Otros: todo otro procedimiento lesivo de los genitales femeninos realizado con fines no médicos, como pinchazos, perforaciones, incisiones, raspados o cauterizaciones de la zona genital.

Nosotras estamos convencidas que esta situación dolorosa ligada a la condición de mujer, solo es posible erradicarla si se piensa desde la perspectiva de género. Es fundamental entender cuando una práctica cultural responde a la amplitud de la libertad y la igualdad, y cuando está al servicio de sistemas de dominación que vulneran los derechos de las personas. Nosotras creemos que para generar estrategias eficaces de erradicación, es necesario analizar la Mutilación Genital Femenina en el marco del sistema de dominación patriarcal.

Compartimos el siguiente video:

Julieta Evangelina Cano y María Laura Yacovino




Bibliografía:

  • Bénédicte LUCAS: Aproximacion antropológica a la práctica de la ablación o mutilación genital femenina.
  • Maglione, Miguel Angel (1998): La mutilaión genital femenina.
  • Informe OMS: Comprender y abordar la violencia contra las mujeres. Mutilación genital femenina
  • Informe de Amnistia Internacional (1998): La mutilación genital femenina y los derechos humanos: Infibulación, excisión y otras prácticas cruentas de iniciación.
  • Waris Dirie (2002): Amanecer en el desierto
  • http://www.prensalibre.com/internacional/Mujeres-luchan_0_1132086805.html